Ejemplos ?
Poco a poco volvieron a cercarme las nieblas del sueño, un sueño ingrávido y flotante, lleno de agujeros, de una geometría diabólica. Abrí los ojos de pronto, y la niña me dijo: —Ahora se fué la Madre Superiora.
¡Si creí que iba usted a decir doce!... ¡Ay, que le estoy haciendo hablar y no me prohibió otra cosa la Madre Superiora! Sentóse muy apurada y se llevó un dedo a los labios al tiempo que sus ojos demandaban perdón.
En los primeros tiempos, bastaba con golpear la puerta para que asomase la superiora del establecimiento, y sin hacer pregunta indiscreta recibía la encomienda de manos de la tapada o embozado conductor.
-le dijo, con la mano llamándola-. Hermana, oiga una palabra. LA MONJA ¿Qué quiere? DON JUAN ¿Sois tal vez la superiora? LA MONJA ¡Yo, señor! Soy la tornera.
-¿Qué sucede? -Bajemos -respondió con voz breve la superiora de Santa Ana. -Pues qué ¿no vamos a servir al hospital de sangre en el Callao?
Yo murmuré débilmente: —No, señor. —Pues no me la quito. Aun cuando quien debiera autorizarlo era la Madre Superiora... Veamos qué tiene el valiente caporal.
Perdóneseme en gracia de que escribo mis impresiones, esta dolorosa reminiscencia del corazón, mezclada a los gloriosos hechos de ese gran día. Tomada posesión del hospital, la superiora me destinó a ayudar a la hermana boticaria en la confección de vendas y apósitos.
Por ende, como mejor puedo, vos ruego y requiero que entendáis bien esto que os he dicho, y toméis para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que fuese justo, y reconozcáis a la Iglesia por señora y superiora del universo mundo, y al sumo pontífice llamado papa en su nombre, y a Su Majestad en su lugar, como superior y señor y rey de las islas y tierra firme, por virtud de la dicha donación, y consintáis que estos padres religiosos os declaren y prediquen lo susodicho.
-¡Fuera milagro que no alborotase! -¿Qué hacemos, madre superiora? -interrogó una monjita vivaracha, menuda, toda arrebolada por la animación del baile-.
Dotada de una voz celestial, acompañábase en el clave, la vihuela o el arpa, que era hábil música, cantando con suma gracia cancioncitas profanas en la tertulia que de vez en cuando la permitía dar la superiora, cautivada por el talento, la travesura y la belleza de Isabel.
Por ende, como mejor puedo os ruego y requiero que entendais bien lo que he dicho, y tomeis para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que fuere justo y reconoscais a la Iglesia por Señora y Superiora del universo mundo y al sumo pontífice llamado Papa en su nombre y al Rey y la Reina nuestros señores en su lugar como Superiores y Señores y Reyes de esta isla y tierra firme por virtud de la dicha donación y consentais en ese lugar a que estos padres religiosos o declaren los susodichos.
Amaneció el tercer día, y fue de bullanga popular. La superiora de las mónicas acababa de descubrir que un hombre había profanado la clausura.