sonreír

(redireccionado de sonrieron)

sonreír

(Del lat. subridere.)
1. v. intr. y prnl. Reír con suavidad, con un simple movimiento de labios, sin emitir ningún sonido conseguimos que el enfermo se sonriera.
2. v. intr. Tener un aspecto agradable, alegre o atractivo su mirada sonreía.
3. Ser una cosa favorable a una persona la fortuna me sonríe .
NOTA: Se conjuga como: reír

sonreír

 
intr.-prnl. Reírse levemente.
fig.Reír (ante algo).
Mostrarse favorable o halagüeño para uno algún asunto, suceso, etc.
V. conjugación (cuadro) [9] como reír.

sonreír

(sonre'iɾ)
verbo intransitivo
1. hacer con la boca el gesto de la risa sin producir su sonido Sonrió como sabiendo qué iba a decirle.
2. mostrarse favorable a una persona un suceso o asunto La vida le sonríe.
Traducciones

sonreír

smile, to smile, grin

sonreír

sourire

sonreír

sorridere

sonreír

usmát se, zubit se

sonreír

grine, smile

sonreír

hymyillä, virnistää

sonreír

smiješiti se

sonreír

ほほ笑む, 歯を見せてにっこり笑う

sonreír

미소를 짓다, 싱긋 웃다

sonreír

flire, smile

sonreír

flina, le

sonreír

ยิ้ม, ยิ้มยิงฟัน

sonreír

cười toe toét, mỉm cười

sonreír

усмивка

sonreír

微笑

sonreír

A. VI
1. [persona] → to smile
sonreír a algnto smile at sb
el chiste no le hizo ni sonreírshe didn't even smile at the joke
sonreír forzadamenteto force a smile
2. (= favorecer) le sonríe la fortunafortune smiles (up)on him
el porvenir le sonríehe has a bright future ahead of him
B. (sonreírse) VPRto smile

sonreír

vi, vr to smile
Ejemplos ?
-exclamó el príncipe. Todos sonrieron, pero el príncipe añadió: -Entra, Pellejo de Asno, hágase la prueba. Introducida la fregona a presencia de la corte, sacó de debajo de la asquerosa piel una manecita de marfil ligeramente sonrosada; hicieron la prueba, y el anillo se ajustó a su dedo de tal manera que los cortesanos no acertaban a volver de su asombro.
Hablando de esto, añadí que me impresionaba tanto más, cuanto me había dado la impresión de que, grandes como eran las superioridades del sistema de cooperación nacional sobre nuestro modo de hacer negocios, debían de implicar un gran incremento en la cantidad de contabilidad comparada con lo que era necesario bajo el viejo sistema. El superintendente y el Dr. Leete se miraron entre sí y sonrieron. "¿Sabe, Sr.
-Me llamo Juan Fariña, y quiero trabajar en la mina -fue la breve contestación del interpelado. Los presentes se miraron y sonrieron.
Lospeones que por a o b llegaban a la siesta, admiraron siempre laobstinación del perro, resoplando en cuevitas bajo un sol de fuego, sibien la admiración de aquellos no pasaba del cuadro de caza.--Eso--dijo uno un día, señalando al perro con una vuelta decabeza,--no sirve más que para bichitos...El dueño de Yaguaí lo oyó:--Tal vez--repuso,--pero ninguno de los famosos perros de ustedessería capaz de hacer lo que hace ese.Los hombres se sonrieron sin contestar.Cooper, sin embargo, conocía bien a los perros de monte, y sumaravillosa aptitud para la caza a la carera, que su fox-terrierignoraba.
En efecto, cuando el 8 de mayo de 1849 la Asamblea Nacional da un voto de censura al Gobierno pro la ocupación de Civitavecchia por Oudinot y ordena que se reduzca la expedición romana a su supuesta finalidad, Bonaparte publica en el Moniteur, en la tarde del mismo día, una carta a Oudinot en la que le felicita por sus heroicas hazañas, y se presenta ya, por oposición a los escritorcillos parlamentarios, como el generoso protector del ejército. Los realistas, al ver esto, se sonrieron, creyendo sencillamente que habían logrado embaucarle.
María del Rosario salió la última. Creo que además de sus labios me sonrieron sus ojos, pero han pasado tantos años, que no puedo asegurarlo.
¡Levántenlo y díganle que baile! Los caballeros sonrieron entre sí y entraron sin prisa. Al llegar junto al enanito, don Pedro se inclinó y lo golpeó suavemente en la mejilla con su guante bordado.
Sucedióle, claro está, que no bien se hubo mostrado al público, cuando éste la tomó con él. Primero le miraron, después se sonrieron, hasta concluir por interpelarle irónicamente, y por reírse a sus barbas.
—Eso—dijo uno un día, señalando al perro con una vuelta de cabeza,—no sirve más que para bichitos… El dueño de Yaguaí lo oyó: —Tal vez—repuso,—pero ninguno de los famosos perros de ustedes sería capaz de hacer lo que hace ese. Los hombres se sonrieron sin contestar.
--Se hace más fácil más adelante --aseguró Humpty Dumpty. Otra vez les mandé decir: «¡Será mejor que obedezcáis!» Los pescaditos se sonrieron solapados.
Luego tomaron el pedernal, lo frotaron con unas rocas y brotó un fuego tan agradable que los niños sonrieron de placer, pues aquellos lugares eran muy fríos y al sentir el calor despedido por el hogar, pareció que lo bendecían con sus alegres balbuceos.
Y a la postre algunos ojos le acariciaron, algunas frases le fingieron la inmortal música de la piedad, y algunas señoritas casaderas le sonrieron.