Ejemplos ?
-Eso es una charraná -balbució roncamente el Carambola, colocándose de cualquier modo el sombrero y dirigiéndose en casi trágica actitud hacia la puerta de la habitación.
-Güenos días -exclamó en aquel momento Joseíto deteniéndose al pie de la ventana, echado hacia atrás el amplísimo sombrero de palmas, y llevando en la mano un puñado de flores que brillaban al sol como riquísimos joyeles.
¡Oh, cuán dichosos eran todos los seres esparcidos por el valle: el zagal que cruzaba cantando por entre los campos de trigo y de cebada; el viejo que, encorvado en el majuelo, deleitábase en contemplar los apretados racimos en agraz; la huertana que cabe las aguas del río brillaba al sol con su zagalejo grana y defendida de sus rayos por un gran sombrero de palma!
Y aquí el prefecto, sacando un memorando, nos leyó en voz alta un minucioso informe de la carta, especialmente de la apariencia externa del documento perdido. Poco después de esta descripción, cogió su sombrero y se fue, mucho más desalentado de lo que le había visto nunca antes.
El sombrero era alto y de ancha ala, y los más jóvenes se lo adornaban a veces con una pluma; la camisa de lana desaparecía bajo un cuello vuelto, de hilo blanco; la chaqueta quedaba ceñida y abrochada de arriba abajo; la capa colgaba suelta sobre el cuerpo, mientras los pantalones bajaban rectos hasta los zapatos, de ancha punta, pues no usaban medias.
-Buenos días, prodigios -exclamó en aquel momento don Paco llegando frente al pintoresco grupo, y después, dirigiéndose lenta y gallardamente hacia Lola, se detuvo ante ésta, echose el sombrero atrás y díjole, entornando los ojos y poniendo en su voz las más dulces y acariciadoras de sus inflexiones-: ¡Lo que yo he corrido por llegar a tiempo de que me dé beber en su cántaro la más graciosa de toítas las Samaritanas!
No se dio por ofendido el Pimporrio por la descortés acogida del Cerote, y después de colgar el sombrero del espaldar de una silla, sentóse en ésta, y sin decir oxte ni moxte, echó manos a la roñosísima petaca que aquél había colocado, como siempre, entre los útiles del oficio.
¡A ver! ¡Alárgueme usted esas muletas! ¡Rosa, mi sombrero!... (Es decir, ve a mi casa y di que te lo den). O si no, tráeme, que ahí estará en la alcoba, mi gorra de cuartel...
—y al oír tan significativa palabra toda aquella chusma se detuvo como herida de una impresión subitánea. —¿No le ven la patilla en forma de U? No trae divisa en el fraque ni luto en el sombrero. —Perro unitario.
El malvado llegó a casa al amanecer. Se quitó el sombrero y entró en el dormitorio de su hermana. La hermosa y lozana doncella yacía en su lecho soñando con aquél que tanto la amaba y que, según ella creía, se encontraba en aquellos momentos caminando por bosques y montañas.
u otras equivalentes; olvidándose absolutamente de la denominación de patrón o patrona, que comúnmente suelen usar todos los soldados. Cuando le concedan entrar, lo hará con el sombrero en la mano y lo tendrá en ella hasta después de salir.
Y cuenta también que la embrujadora sacó de un sombrero, un brillante y un colibrí de bronce, brincó sobre unas brasas y brusca se agitó como si le dieran calambres gritando bravo, bravo, soy más brava yo.