Ejemplos ?
Están prohibidos los castigos colectivos por actos individuales, los castigos corporales, los encarcelamientos en locales donde no entre la luz solar y, en general, toda forma de tortura o de crueldad.
En la distancia lo había confundido con un esplendoroso cometa, pero al verlo tan cercano vislumbré algo hermosísimo: Mariposas de alas color magenta iban formando una gran alfombra brillantísima, que daban paso a un fastuoso carruaje de platino, adornado con enormes diamantes y pequeños rubíes, conducido por seis blancos Pegasos; cada uno cubierto en el lomo por un pequeño manto de terciopelo guinda resplandeciente, con pequeños hilos de plata en sus orillas y sujetado al carruaje por correas tapizadas de deslumbrantes piedrecillas de color verde amarillento. En sus altivas cabezas llevaban una gran pluma de color anaranjado, semejante a un rayo solar que emanara de sus crines.
Y el Secretario Phelipe Gonçales de Zandoya, pidió solar para sí y para el Capitán Don Benito de Cisneros y Mendoza y para el Capitán Don Joseph de Mestanza; y para el Capitán Mateo Vásquez; y para el Ayudante Joseph Mallea; y para Luis de Morillo; y para Joseph de Contreras; y para Ana de Miranda; para María Teresa de Guzmán; y para Doña Tomasa de Ayala, Juan de Salazar.
No sé que soledad nos separaba… cuando dimos un alto a la fogata 22 Abrí los ojos al bostezar del mundo entre aires frescos de solar susurro y vi que todo parecía tan nuevo en la conciencia de mi Adán ligero que resanando los vocablos obvios pude escribir de amor sin una tacha de odio.
Guiándolos al éxodo habíales hecho ganar con laureles inmortales el derecho a ser dignamente libres; devolviéndolos al solar nativo después de largos y crueles meses de expatriación sin haberlos obligado a comprometer en todo ese tiempo con ningún renunciamiento el rico patrimonio moral que formaron en el sacrificio tenía que merecer – como en efecto merecía – la plenitud de su confianza.
Como por magia, cientos de brillantes naves platinadas fueron lanzadas al espacio aprovechando toda la potencialidad de la nueva humanidad y en el vigésimo día, sintieron cómo se equilibraban sus cerebros; sólo habría que llegar a la trigésima galaxia fuera del sistema solar para que se hablaran de tú a tú con las civilizaciones extraterrestres que ya consideraban a los nuevos humanos, para entonces, y al fin, después de tanta estulticia egocéntrica, sus iguales.
Y pensar que hubo un tiempo de bullicios escolares, de algarabías promisorias, de esfuerzos acumulados que a sí mismos se esfumaron… VI SANCTUS Pajarera solar, Emma Godoy, moisesina del amor callado, un día voló con sus salmodias místicas hacia otros cantos donde la praxis eclipsó vocablos y enarbolada pentafácica pulió la brecha de las canas.
Que por estar el dicho solar en medio de las dichas cuatro calles sin más dependencias que un pedazo de solar que el dicho Toribio de Castro vendió a Francisco Pereira, hacia la parte de la sabana, que este se podrá incorporar en la dicha cuadra y ser este sitio capaz para la dicha fundación y fácil el comprar el dicho pedazo para que no haya en aquel puesto ninguna casa que estorbe a la dicha fundación, según que por su Paternidad se ha visto, se acordó de que en el dicho sitio se haga dejando libre el dicho Hospital, como siempre lo ha estado.
Sobre el hacer Cárcel y Casas de Cabildo acá abajo en la Plaza.- Y, luego, propuso el Procurador General, que por cuantos las Casas del Cabildo y Cárcel están en parte incómoda y estrecha y si lo demás que resta de los solares se ha de fabricar, será muy gran costo y con poco provecho y, que pues, esta Ciudad tiene en la Plaza de Santa Catalina y puerto principal de ella, un solar de que le hizo merced el Señor Virrey, y Don Luis de Velazco, para alhóndiga se trate y confiera sobre ello, si será bien vender estas Casas y solares y fabricar en aquella parte, se trate y confiera, sobre ello.
Mis hombres, unos con yataganes prehistóricos, otros con hachas de extraña procedencia, se abrían paso entre la cortina vegetal que filtraba en verde la luz solar.
Iba el devoto a la mitad de su camino cuando, como un fascinante murmullo, llegó hasta la casa del sol, el canto maravilloso que sucedía. El alboroto de sorpresas que se hizo en el cielo solar fue tan estrepitoso que el sol ordenó callar y taparse los oídos.
Y Gonzalo Enderica pidió solar para sí y para Catalina de Escobar, su madre; y para Juan de Castro; y Jacinto de Castro, su hermano.