sitiador

sitiador, a

adj./ s. Que sitia o cerca un lugar para hostigar a sus habitantes y obligarlos a rendirse.

sitiador, -ra

 
adj.-s. Que sitia (cerca).

sitiador, -ra

(sitja'ðoɾ, -ɾa)
sustantivo masculino-femenino
persona que sitia un lugar los sitiadores del castillo
Traducciones

sitiador

assediatore

sitiador

SM/Fbesieger
Ejemplos ?
El ejército sitiador se había visto reducido a 3.500 combatientes, 1.825 peninsulares y 1.300 criollos habían resultado muertos, heridos o desertado.
El sitiador, pues, para entrar en una plaza tuvo que llegar a la cresta del glacis, abrir la escarpa, pasar el foso, dar el asalto o establecerse en la brecha bajo el triple efecto de las salidas, de los fuegos y de las contraminas.
Desde entonces la superioridad del atacante sobre el sitiado fue ya abrumadora: el sitiador pudo presentar siempre un frente más extenso que el atacado sirviéndose de iguales máquinas e idénticos medios de hacer daño que los sitiados.
Por último, se sujetaron a la fortificación las contraminas, concentrándolas en los puntos en los cuales el sitiador pierde parte de las ventajas que le dan la supresión de contraminas y la violencia de sus hornillos.
La que se debe a la configuración y circunstancias del terreno, aprovechando todos sus recursos y obstáculos naturales. Ofensiva. La que emplea el sitiador para cercar una plaza, acercarse a ella y tomarla. Pasajera.
Consistía en emplear soldados del ejército sitiador excavando túneles hasta los cimientos de los muros de las fortificaciones, llenándolos de pólvora (utilizada por primera vez para este fin por Navarro) y, al hacerlos estallar, los muros se derrumbaban y se facilitaba el posterior asalto.
De regreso a Montevideo, Varela fue asesinado, recibiendo una puñalada por la espalda, en el momento de llegar a su casa. Fue su asesino Andrés Cabrera quien años más tarde fue juzgado y declaró haber sido enviado por el ejército sitiador.
Si indigna hasta la barbarie y ajena del carácter compasivo de los peruanos fue la conducta del sitiador, no menos vituperable encontrará el juicio de la historia la conducta del gobernador de la plaza.
Susviela se limitó a negar la veracidad de su especificación, expresando: “Como una prueba de que fue Cabrera el único autor del crimen acusado, refiere (el Dr. Susviela) que en el campo sitiador hubo una pueblada de vascos y canarios que conducían el busto del Dr.
Viérais entonces a ésta cambiar su tez de marfil por otra de encendidísima amapola; y este rubor ardiente, instantáneo, que ascendía como ola vital a aquella frente tan honesta, sería para el jinete -si lo pudiese comprender- cosa más dulce y lisonjera que todos los triunfos obtenidos sobre adversarios duchos en rendirse y contra fortalezas que rabiaban por facilitar al sitiador sus llaves.
Por lo demás-y termino-la carta ultimátum de Un Vizcaíno no fue escrita en el campo sitiador ni encontrada, por lo tanto, “en las abanzadas” como declaró Juan N.
Además la virreina no simpatizaba con el alcalde ni con su mandato, y esto importaba tanto como para un sitiador tener auxiliar dentro de la plaza.