Ejemplos ?
47 Porcio y Socratión, las dos siniestras de Pisón, sarna y hambre del mundo / pura, ¿a vosotros ha antepuesto a mi Veraníolo y a mi Fabulo el capullo de Priapo aquel?
mismo no es capaz de alcanzar p.r grandiosos) todo caminaba á un fin, todos travajaban en el mismo sentido y los q.e tenían miras siniestras las ocultaban y ¿por q.e?
Las anotaciones siguientes nos dicen que A y B se largaron, es decir, que abandonaron el país, y, por último, que se visitó a C, con consecuencias siniestras para éste, según yo me temo.
Releílo, y plenamente convencido ya de qu,e en letras de molde estaban tan magnas revelaciones y garantiza- das con la firma del anciano procer, doblemente obligado á ser veraz, ya por la fama de su nombre y circunspección que dan los afíos, ya por estar pisando los umbrales de esa eternidad que quince días después se abriera para él, díjeme parodiando á Florentino Sanz : Tiene el destino ironías, mi general, muy siniestras...
Dos figuras siniestras, dos hombres medio desnudos, armados de anchos puñales, surgiendo de repente de entre las breñas, se arrojan sobre ella, arráncanla del sagrado recinto y del beatífico ensueño que la absorbe; inutilizan su resistencia, sofocan sus gritos, y la arrastran en pos suyo hacia una nave que oculta los aguarda entre las sinuosidades de un risco.
¡Ni la satisfacción de denunciar en ese hombre noches atormentadas por el insomnio o por la pesadilla terrorífica, podemos tener en revancha de sus siniestras actividades!
yo pensaba en lo otro, en la otra crisis; y cuando no me veía nadie apoyaba la cabeza en una pared para descansar; porque me abrumaba el peso de mi agonía, el plomo de tantas ideas siniestras que me llenaban el cerebro...
Melancólico el semblante, y los labios entreabiertos, y las siniestras miradas, y el mudo desasosiego, ya en los saraos de la corte, ya en los festines risueños, ya en la caza bulliciosa, ya en solitarios paseos, ya en el salón, ya en la plaza, ya en la justa, ya en el templo, en la mesa, en el despacho, en la vigilia, en el sueño, un alma rota descubren por un fijo pensamiento y un corazón que devora el cáncer de un gran secreto.
El brigadier adelantose, extendió la mano para tomar la de su esposa y conducirla al centro del salón; pero ella lo recibió en sus brazos, murmurando en sus oídos estas siniestras palabras: -Hay agravios que no admiten perdón, sino venganza.
La mesa estaba rodeada por una multitud heterogénea que envenenaba el espacio con su hálito impuro, y el humo del tabaco envolvía como en una neblina los rostros de los jugadores; los que ganaban reían y chufleaban refrescando las resecas fauces con algún que otro cortado de aguardiente; los perdidosos, con las cejas fruncidas, ponían miradas siniestras y amenazadoras en las cartas que con atormentadora lentitud iba haciendo aparecer uno de los que tallaban; los más veteranos en aquellas clases de lides, sentados en torno de la mesa, apuntaban algunos las jugadas creyendo poder someter a sus cábalas la veleidosa fortuna.
Al cabo de tantos movimientos que me estaban mareando, poco a poco, en la oscuridad, surgieron, como flotantes, unas máscaras de facciones siniestras; unas con colmillos relucientes, semejantes a llamaradas; otras con ojos tan enrojecidos que parecían despedir fuego.
Por las calles de penumbra huyen las gitanas viejas con los caballos dormidos y las orzas de monedas. Por las calles empinadas suben las capas siniestras, dejando detrás fugaces remolinos de tijeras.