Ejemplos ?
Ni un sólo muchacho había dejado de acudir. Guiados por un criado de la señora, llegaron a una gran plazoleta en cuyo centro había una mesa y dos sillones.
Pero ¡cuidado con volcar los morteros!, es mejor que vayas a buscar las sillas de la salita; ya sabes que hay que mover los sillones del salón.
De tapadillo, como se dice, aüsbé una noche la tertulia del Regente; recuerdo los azulejos del salón; los sillones de cuero de Córdoba tachonados de clavos de bronce; que allí el piso no era de gastados, pero muy limpios ladrillos, como en la casa del honrado don Melchor, sino de rica alfombra del Cuz- co; todo, en fin, como usted con magistral ligereza lo describe.
Los domingos, por ejemplo, no había manera de hacerle salir del salón, adonde la señora Homais le había llamado para que se encargara de los niños, que se dormían en los sillones, estirando con la espalda las fundas de calicó demasiado holgadas.
El árabe continuó: -Cuando desapareció la nube roja, vi una sala. Junto a una mesa dorada había dos sillones revestidos de terciopelo verde.
Sobre la mesa en una urna labrada, yacía una rosa blanca marchita, cuyos pétalos, salvo uno que se mantenía aún, habían caído junto al vaso, como lágrimas perfumadas; un roto antifaz negro, un abanico, disfraces de todo tipo se encontraban esparcidos por los sillones, y hacían pensar que la muerte se había presentado de improviso y sin anunciarse en esta suntuosa mansión.
Y mientras tenía lugar esta escena en casa de Rosario la Pipiola, Antoñico el barbero también al oír la voz de Paco y el campanilleo de la Platera: -Usté perdone -díjole al tío Capachos, al que acababa de afeitar un carrillo, y navaja en mano lanzóse a la puerta de su establecimiento, un chiribitil de dos metros en cuadro y en el que lucían varios sillones acreedores a competir con los de más remota fabricación...
Todo el mobiliario de la celda se componía de cuatro sillones de vaqueta, una mesa mugrienta y una tarima sin colchón, sábanas ni abrigo, y con una piedra por cabezal o almohada.
El gran salón estaba atestado de gente; los jueces ocupaban sus sillones, con las cabezas apoyadas en almohadones de pluma, pues tendrían que pensar no poco.
Se ha visto aquí que señores ufanos de su amistad con Su Excelencia han entrado en concomitancia con los enemigos, a trueque de influir todos juntos en una vana ilusión: la reapertura del clausurado parlamento, en el cual tenían sillones.
El padre Mendoza era lo que se entiende por un fraile rumboso; así es que, para el presunto obispo de Caracas y sus dos familiares, alistó las mejores celdas del convento, engalanolas con cortinas de seda, aguamanil y otros utensilios de plata, sillones de cuero de Córdoba con tachuelas de esmalte, mesas de aromática madera, de la montaña y cama de nogal con mullidos colchones de plumas.
Redobló el tambor, tronó el cañón, y los señores en fila subieron a sentarse en el estrado, en los sillones de terciopelo rojo que había prestado la señora Tuvache.