Ejemplos ?
-exclamó Angustias con enojo-. ¡No me moveré de esta silla hasta que me oiga usted y resolvamos el asunto que aquí me ha traído! -¿Qué asunto?
Y como el novio no podía, ¡qué había de poder, malpocadiño!, subir por su pie la escarpada cuesta que conduce al Plomo desde la carretera entre Cebre y Vilamorta, ni tampoco sostenerse a caballo, se discurrió que dos fornidos mocetones de Gondelle, hechos a cargar el enorme cestón de uvas en las vendimias, llevasen a don Fortunato a la silla de la reina hasta el templo.
Pero en la puerta halló atravesada la silla de ruedas de don Jorge, el cual, con los brazos abiertos y los ojos casi fuera de las órbitas, le cerraba el paso diciendo: -¡No entre usted, Angustias!
-Pos bien: mi consejo es que se vaya usté ahora mismito a su casa, coja usté una silla, se siente usté en ella delante del espejo mejor azogao que tenga usté en su cubril, meta usté mano a la petaca y se fume usté un par de cigarros mirándose en el espejo.
Notando empero, las significativas miradas de aquel grupo de dogos de matadero, echa maquinalmente la diestra sobre las pistoleras de su silla inglesa, cuando una pechada al sesgo del caballo de Matasiete lo arroja de los lomos del suyo tendiéndolo a la distancia boca arriba y sin movimiento alguno.
-Pos eso pasó porque un día que fue a buscarme, cuando yo ya había vendío jasta los clavos, en una temporá en que ni pa Dios acertaba yo una carta, llegó mi compadre a mi rincón y como al hombre le dió pena de ver a mi María que era más bonita que el sol, cuasi como estaba Eva en el Paraíso y sin tener ni una silla en que sentarse...
El señor Frasquito penetró en ella con aspecto malhumorado, y arrojando la gorra de hule sobre una silla, sentóse en la banqueta, con la frente fruncida, mientras Ángeles le miraba con interrogadora expresión.
Sin novedad alguna que de notar sea, transcurrieron otros quince días, y llegó aquel en que nuestro héroe debía de abandonar el lecho, bien que con orden terminante de no moverse de una silla y de tener extendida sobre otra la pierna mala.
-exclamaron los franceses. - Yo.... (dijo el interrogado, trepándose en la silla y retorciéndose el bigote con petulancia.) Yo... habré matado...
Levantóse García de Paredes, como impulsado por un resorte, al oír semejante clamor dentro de su casa, y apoyóse en la mesa para no caer de nuevo sobre la silla.
Loco de terror, arranqué la cogulla del enmascarado sentado en la silla vecina: la capucha de terciopelo verde estaba vacía, vacía la capucha de las otras máscaras sentadas a lo largo del muro.
Y la vieja, después de soltar en otra el lío de sus artículos de venta, sentóse en una silla, la cual crujió de modo amenazador bajo la imponente balumba de la anciana.