Ejemplos ?
Los cenzontles, sí son buenos así que, don presumido, por eso has perdido quesos. Tienes muy pequeños sesos y un corazón malquerido.
Asín es que como el colmenero que yo igo está una miajita asoliviantao con el zagal de ostés, y ella está pa él más dura que una jerriza, pos lo que yo me dije esta mañana, que me dije: «Oye tú, señó Pepe Villarrubia: si tú quiées jechar por el camino mejor, hoy mesmito te vas a ver al señó Toño el Serrano, que es hombre que no tiée corcho en los sesos...
o frío, o... ¡Jesús, no quiero pensarlo!, le pegaba fuego a Madrid, o me saltaba la tapa de los sesos! ¡Transija usted, pues, y, ya que no acepta que vivamos juntos como dos hermanos (porque el mundo lo mancha todo con sus ruines pensamientos), consienta que le señale una pensión anual, como la señalan los reyes o los ricos a las personas dignas de protección y ayuda...
¿Pretendes que la cólera de Alá ruede sobre nuestras cabezas? ¿Sabes tú lo que encierran los sesos de carnero de una mujer extranjera a tu raza y a tu religión?
¿Saben esos que tal dicen lo amargo del jugo de mis sesos, del sudor de mi alma, de mi sangre y mi tinta, del pensamiento en obra y de la idea encinta?
Verdad es que nuestro país no es de aquellos que se conocen a primera ni a segunda vista, y si no temiéramos que nos llamasen atrevidos, lo compararíamos de buena gana a esos juegos de manos sorprendentes e inescrutables para el que ignora su artificio, que estribando en una grandísima bagatela, suelen después de sabidos dejar asombrado de su poca perspicacia al mismo que se devanó los sesos por buscarles causas extrañas.
Media docena de esos hombres de buen gusto, que a todo van a un baile más que a bailar, se hicieron las siguientes reflexiones: «Que la pasión de la danza tiene hondas raíces en la buena sociedad de este pueblo, es innegable: nosotros la hemos visto bailar sobre el húmedo retoño de las praderas, entre las coles y cebollinos de las huertas, sobre los guijarros de la Alameda y sobre los adoquines del Muelle; derretirse los sesos bajo un sol africano a las cuatro de la tarde, por llegar a las cinco a la romería y bailar en ella hasta las siete; volver después, al crepúsculo, medio a tientas, por callejas y senderos, y aliquando meterse en barro hasta las corvas...
Su escasa cantidad de sesos se petrificaba con la presencia del doctor, a quien había tomado un miedo feroz; y de cuya ciencia médica hablaba pestes en sus ratos de confidencia.
Al ruido de las dos detonaciones, los otros tres se incorporaron con la pesadez natural de la borrachera y quisieron defenderse, pero ella con fuerza sobrenatural para sus años y delicada complexión, les rompió la cabeza a culatazos. Los sesos de esos hombres mancharon el pavimento de Nola de la habitación, y los cadáveres quedaron allí tendidos.
Sentíanse humillados en su orgullo, y tanto platicaron entre ellos y dieron tales vueltas y tornas al lance, que llegaron a esta disyuntiva: O don Lesmes tiene pacto con el diablo, o es Satanás en persona. Y mientras más saliva gastaban y más se devanaban los sesos, más se arraigaba en ellos esta convicción.
-¿Y murió también tu padre? -Se cayó de un andamio, aquí en el Capitolio, y se le salieron los sesos. -¿Y tu madrina te quiere mucho?
Ella esperó con los ojos de loca fijos en el cuadro innoble, que todos cayeran ebrios, y cuando los vio tirados por los suelos y medios muertos por el efecto enervante del alcohol, entró y apoyando el cañón del rifle en la sien del sargento, le voló los sesos.