Ejemplos ?
Y vosotros recorred la ciudad y seguid la pista del forastero afeminado que ha traído una locura nueva a las mujeres y sus lechos ultraja.
LAS TRES DAMAS Tres muchachos, jóvenes, bellos, nobles y sabios, os acompañarán en vuestro viaje; serán vuestros guías, seguid únicamente sus consejos.
Perfectamente. La frente serena, espaciosa; que alce un poco menos el pelo. Así… seguid. GENARO: Adelante. VIEJO: Cejas arqueadas, abiertas sin entrecejo: ojos grandes rasgados, negros y un poco melancólicos y graves.
Aprended a conocer el camino recto y seguid siempre por él; porque las veredas en curva tienen a veces sorpresas peligrosas; suele haber en ellas barrancas imprevistas en las que se pueden caer irremediablemente.
Los de las Espinas, Los del Sacrificio, se regocijaban de aquella sangre de ellos cuando llegaba aquel signo de sus acciones. “Seguid sus huellas; tal es la salvación para vosotros.
Pensad en nosotros, no nos borréis de vuestra memorial, no nos olvidéis Vosotros veréis vuestra casa, vuestro país. Prosperad. Que así sea. Seguid vuestro camino. Ved de dónde vinimos”.
Miradlo, es el trabajo, postraos y rendidle profunda adoración, ante sus plantas caen los vicios humillados y a la virtud levanta con ínclito valor. Seguid la noble enseña que entre sus manos lleva, ejército de bravos arrastra en pos de sí, su aliada es la Victoria, lo llaman invencible, que el mundo en lucha abierta conquista el adalid.
La gloria, aquella virgen coqueta y votuptuosa, con besos y caricias corona al vencedor, seguid con paso firme la senda del trabajo, tras ella está la antorcha de la humana redención.
Jóvenes entusiastas, seguid, nada os detenga, romped los viejos títulos del siglo que pasó: gloria a la inteligencia, la idea, el heroísmo formemos del trabajo nuestro eternal blasón.
-He ahí la joya del capitán -dijo doblando la hoja y colocando sobre ella el carbunclo. -Seguid, capitán -le dijo inclinándose. -Estabais feliz, y deseo que salgáis de aquí contento.
En el acto dijo al de Oileo estas aladas palabras: —¡Ayante! Vosotros, tú y el fuerte Licomedes, seguid aquí y alentad a los dánaos para que peleen con denuedo.
Ahora debéis pagarme el exquisito cuidado con que Andrómaca, hija del magnánimo Eetión, os ofrecía el regalado trigo y os mezclaba vinos para que pudiéseis, bebiendo, satisfacer vuestro apetito; antes que a mí, que me glorío de ser su floreciente esposo. Seguid el alcance, esforzaos, para ver si nos apoderamos del escudo de Néstor, cuya fama llega hasta el cielo por ser de oro, sin exceptuar las abrazaderas, y le quitamos de los hombros a Diomedes, domador de caballos, la labrada coraza que Hefesto fabricara.