señoría

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señoría

1. s. f. formal Fórmula de cortesía que corresponde a personas de cierta dignidad, en especial jueces y parlamentarios puede empezar a hablar, señoría.
2. formal Persona que recibe este tratamiento guarden silencio sus señorías.
3. Dominio sobre una cosa.
4. HISTORIA Soberanía de ciertos estados particulares que se gobernaban como repúblicas la señoría de Venecia.
5. HISTORIA Senado que gobernaba ciertos estados independientes.
NOTA: También se escribe: señorío

señoría

 
f. Tratamiento dado a las personas a quienes compete por su dignidad.
Persona a quien se da este tratamiento.
Señorío (dominio).
Soberanía de ciertos estados particulares que se gobernaban como repúblicas.
Senado que gobernaba ciertos estados independientes.

señoría

(seɲo'ɾia)
sustantivo femenino
1. fórmula de tratamiento usada con personas da alta dignidad como jueces y diputados su señoría, el juez
2. persona a quien se da este tratamiento Pido a su señoría que considere la posibilidad de una audiencia.
Traducciones

señoría

lordship, rule

señoría

signoria

señoría

SF
1. su o vuestra Señoríayour o his lordship/your o her ladyship
2. (= dominio) → rule, sway
Ejemplos ?
Le tocaba entonces el turno de cantar a la tetera, pero se excusó alegando que estaba resfriada; sólo podía cantar cuando se hallaba al fuego; pero todo aquello eran remilgos; no quería hacerlo más que en la mesa, con las señorías.
Por fin, sus señorías resolvieron, como último expediente, ver si alguno de los condenados consentía en ajusticiar a sus compañeros y salvar la vida aceptando como titular el aperreado cargo.
Cuando la abramos esta mañana, encontraremos, gracias a la gran Revolución, una excelente colección de papel de desecho.-- Me pregunto, por cierto, doctor, ¿qué dirían sus jueces si les llevase esos certificados e hiciese una demanda formal para que me fuesen restituídas las posesiones que representan? Suponga que dijese: 'Sus señorías, estas propiedades fueron mías una vez y nunca me he separado voluntariamente de ellas.
Y Sus Señorías acordaron que, por no saber si lo pueden hacer o no, se le permita por tiempo de tres meses con cargo de que, en el (en)tretanto que se le rematare el dicho oficio traiga aprobación del Gobierno de la Ciudad de Quito dentro de tres meses, y donde no (pudiere ser autorizado), no use de ello por más tiempo, y con cargo de pagar la Media Anata que tocare a Su Majestad del dicho tiempo y se le entreguen los papeles por inventario, y haga el juramento necesario; con lo cual se acabó este Cabildo, y mandaron se haga saber la Real Provisión a los Señores Jueces Oficiales Reales, y se inserte en este Cabildo, y lo firmaron.
Pero sus excelencias y señorías recordaban, sin duda, que venían de la revolución por la revolución y para la revolución; que ellos y nadie más que ellos, proclamando todas las libertades y todos los derechos, habían abierto la puerta a todas las blasfemias y a todas las inmundicias filosóficas y racionalistas; que no podían, sin renegar de su origen, sin hacer traición a sus fines, mostrar sus conciencias escandalizadas ante semejantes pequeñeces; poner, en fin, sobre los derechos de la revolución, ni siquiera a la Omnipotencia Divina, y de aquí que no fueran tan explícitos como la conciencia quizá y el deber sobre todo se lo aconsejaban.
Pero a las ocho de la noche de este día, que fue el 21 de junio, sus señorías los alcaldes ordinarios sintieron frío de terciana, y estaban sin tener quien les valiese ni santo a quien encomendarse.
Mucho hombre fue su paternidad. Por un quítame allá esas pajas amenazaba al prójimo con excomunión o con hacerlo tostar por sus señorías los inquisidores.
Bastábales a sus señorías los inquisidores contra la herética pravedad saber que el jefe de la familia era portugués, para no dudar que fuese judaizante famoso y, por ende, merecedor del tostón.
¡Bravo! Yo aplaudo a sus señorías los oidores, y me parece que tienen lo bastante con mis palmadas. En cuanto al público de escaleras abajo, que nunca supo a qué atenerse sobre el verdadero fundamento del fallo (pues virrey, oidores y abogado se comprometieron a guardar secreto sobre la revelación que contenía la carta), murmuró no poco contra la injusticia de la justicia.
Y oído por Sus Señorías, dijeron y acordaron que se haga la dicha albarrada, a costa de los Propios y Rentas y se comete al Capitán Don Juan de Mariscal, el cual se ofreció a hacerla dándole estacas, cañas y gente la necesaria a costa de dichos Propios.
Estando en Ayuntamiento, como lo han de uso (y) costumbre todos los Años nuevos, para tratar y conferir sobre las elecciones de Alcaldes Ordinarios, Procurador General, Mayordomo de la Ciudad y Mayordomo del Hospital Real, propuso el dicho Corregidor de que sus Señorías viesen por la utilidad de la República en sacar Alcaldes que fuesen personas beneméritas y de experiencia.
Con lo que se concluyó esta acta, que firman sus señorías, mandando que de este acuerdo se pase copia legalizada al muy ilustre cabildo: que al día siguiente se cante una misa solemne de gracias al Señor por tan feliz establecimiento, que se ilumine la ciudad y hagan otras públicas demostraciones de regocijo.