Ejemplos ?
Hay en la Ciudad un carpintero, un sastre, dos zapateros; no hay curtidores ni tenerías, más de que los zapateros curten badanas de venados, que vale cada una 6 u 8 reales; de éstas hacen botas y zapatos.
Y la primera muestra que dio de su condición celosa fue no querer que sastre alguno tomase la medida a su esposa de los muchos vestidos que pensaba hacerle; y así, anduvo mirando cuál otra mujer tendría, poco más a menos, el talle y cuerpo de Leonora, y halló una pobre, a cuya medida hizo hacer una ropa, y, probándosela su esposa, halló que le venía bien; y por aquella medida hizo los demás vestidos, que fueron tantos y tan ricos, que los padres de la desposada se tuvieron por más que dichosos en haber acertado con tan buen yerno, para remedio suyo y de su hija.
-Sí, otra -respondió Rinconete-, que dice así: Al sastre corcovado que por mal nombre se llama el Silguero, seis palos de mayor cuantía, a pedimiento de la dama que dejó la gargantilla.
Y aun me atormenta más el ánimo otra de sus fechorías: me han roído y agujereado un peplo de sutil trama y fino estambre que tejí yo misma; y ahora el sastre me apremia por la usura —¡situación horrible para un inmortal!— pues tomé al fiado lo que necesitaba para tejer y ahora no sé como devolverlo.
La seducción del santo influyó al punto, y las señoras del Pino, doña Pacha y Fulgencita, quedaron luego a cual más pagada de su recomendado, El maestro Arenas, el sastre del Seminario, fue llamado inmediatamente para que le tomase las medidas al presunto seminarista y le hiciese una sotana y un manteo a todo esmero y baratura, y un terno de lanilla carmelita para las grandes ocasiones y trasiegos callejeros.
Y en el momento en que el verdugo Juan Enríquez se preparaba a despachar a la víctima, ésta le dijo sonriendo: -Hermano Juan, trátame como de sastre a sastre.
La propia madre lo había confeccionado. Se lo había cortado un sastre de la vecindad, que tenía muy buenas manos. Como decía la portera, si hubiese dispuesto de medios y tenido un taller con oficiales, habría sido sastre de la Corte.
Yo no he de ser como el verdugo de Málaga, que se murió de pena, porque á un conocido suyo le echó el sastre á perder unos pantalones sacándoselos estrechos de pretina.
(Contado por el Dr.Paulin) = Un sastre que regresaba de su trabajo cayó en una fosa cavada para atrapar lobos; en el fondo había un lobo que no le hizo daño.
El sastre se puso a gritar tan fuerte que uno vino a su rescate. Le lanzó una cuerda a la que se agarró, pero como era un hombre espabilado, se quitó su pantalón y en el momento en el que le subían hacia el agujero, lo lanzó al lobo.
El juez sentencia equivocadamente al inocente por el bien del público. El sastre, el librero, el impresor, cortan, imprimen y roban por el mismo motivo; y, en fin, hasta el...
CIPIÓN.—Por menor daño tengo ése que el que hacen los que verdaderamente saben latín, de los cuales hay algunos tan imprudentes que, hablando con un zapatero o con un sastre, arrojan latines como agua.