sardónica


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sardónica

 
f. mineral. Sardónice.
Sinónimos

sardónica

sustantivo femenino
sardio, sardo, sardonio, sardónique.
Traducciones

sardónica

sardonica
Ejemplos ?
La risa y el sarcasmo por doquiera que fuera yo mi corazón palpaba, y doquiera también que me escondiera, ¡ay!, la risa sardónica encontraba.
Los poetas presintieron siempre esta alianza, y en sus himnos de amantes felices o en sus lamentos desesperados hay algo de la sonrisa final de una boca sin labios, sardónica y amarillenta, que parece burlarse de la insignificancia de los placeres y dolores que traen revuelto al hormiguero humano.
Y aseguro que ponía grima y espanto el aspecto de aquella mujer retorciéndose convulsa, hecha una ménade, sin una lágrima en los ojos, sin una inflexión tierna en la voz, escupiendo la risa sardónica y cruel, como si se mofase, no sólo de la humanidad, sino de sí misma, de su destino, de lo más secreto y hondo de su propio ser...
Y la interrumpe, y le dice: «Solo quiero que me digas si seré tan venturoso que regrese a estas orillas.» Quedó suspensa la vieja, muda, en él los ojos fija, pero apagados: su rostro se seca; se desanima; y con la expresión siniestra de una sardónica risa, «Volverás, sí -le responde-, que volver es tu desdicha; »volverás..., sí..., de seguro...
-Mi querido Copperfield -respondió míster Micawber, que en el primer momento pareció presa de una violenta emoción, y después se puso muy pálido-, si llama usted su amigo al que me emplea, lo siento; si le llama usted mi amigo, le contestaré con una risa sardónica.
Ventura oía en el hueco de su cráneo martilleos en yunque de fragua, y una voz de hombre, sardónica, que la apedreaba a insultos, a proposiciones sucias y nombres feos.
Parsimonioso avanzó entre nosotros, se detuvo en la misma línea que estaba detenido el Capitán y preguntó: —Dinos, Corita, ¿por qué has hecho eso? Doña Corita envolvió a su cuñado en una mirada despreciativa y sardónica.
Si a una mujer (¡Santa Mónica!) En sitio público (¡cáscaras!) Diriges seña lacónica, Se quedará como en máscaras, Tendrá por risa sardónica, Por amenaza satánica, La seña amante y volcánica, Y te tendrá por un tábano, Que con torpeza mecánica No quiere soltar el rábano.
Si un pensamiento bueno y piadoso pasaba por la mente de una persona, en el espejo se reflejaba una risa sardónica, y el diablo se retorcía de puro regocijo por su ingeniosa invención.
Retemblaban los cristales al empuje del huracán, y el rugir de los dos mares, el Varadero y la Bahía, hacía el bajo en el pavoroso concierto, mientras la voz estridente del viento parecía carcajada sardónica.
Tenía éste las narices dilatadas, la boca sardónica, la punta de la lengua asomando entre los dientes, las mejillas encendidas, los ojuelos brillantes, ni más ni menos que cuando en el monte el perdiguero favorito se paraba señalando un bando de perdices oculto entre los retamares y valles floridos.Por lo que hace a Javier, horrorizábanle aquellos preparativos de caza humana.
Y ella, con triste sonrisa entre doliente y sardónica, siguió, a los ojos de Ibáñez cambiando su imagen propia: «A su sacrílego ruego, diz que el infierno le dió, por el alma que perdió, una venganza de fuego.