Ejemplos ?
Sin embargo, no pude obtener ninguna respuesta concreta, y lo único que saqué en claro era que el misterio se remontaba a una fecha mucho más reciente de lo que había imaginado.
--¡Mentís en todo!, le dije; mas húbelo dicho apenas, cuando le tiró en un guante a mi honor una saeta; que si bien no me llegó, es por la desdicha nuestra el honor tan delicado, que del intento se quiebra. Saqué a vengarme la espada, y él la suya en su defensa, que de dos humanos Joves dos rayos vibrados eran: y a no impedírnoslo tantos, no digo yo cuál muriera; que con ventura se vence, si con valor se pelea.
Cortés, de la silla salto, y, juntando carreteros y estudiantes, socorrido, el coche a su ser volvemos. Saqué en brazos desmayado un sol, si hay soles de hielo; un alba, si hay albas viudas, y un serafín, si cayendo, puede este título darse.
¡Socorro!» Mi desesperada llamada quedó sin respuesta. ¿Qué hora era? Saqué mi reloj, pero no tenía cerillas. Oí el leve tic–tac de la pequeña pieza mecánica con una desconocida y extraña alegría.
De la medalla de Bruto y de su reverso El retrato de Marco Bruto le saqué de una medalla de plata de su mismo tiempo, original, cuyo reverso va al pie de la tarjeta, bien digno de consideración, en que se ve entre los dos puñales el pileo o birrete, insignia de la libertad, y abajo en los idus de marzo la fecha del día en que dio la muerte a César.
La primera vez por poco y le rompo el hocico, pero puso en mis manos cinco billetes de a mil y... pos me aguanté. Así saqué pa' comprarle a mi vieja su casita. Me corrió porque ya no quise seguirle el juego.
Sin embargo, con el tirón dado, el arbusto se entreabrió y principió a desprenderse. En un brío, para mí sobrehumano, saqué todas las fuerzas que aún tenía y pude alcanzar una roca saliente que allí se asomaba.
Yo tenía mucho interés en convencerle, y del laberinto que el consagrado tenía en su mesa de trabajo, saqué unas cuantas cuartillas –esto no le importaba a “él”– y traté de reunir las que pudieran tener alguna, aunque vaga ilación –esto de la ilación tampoco le importaba a “él”– y así convencería al otro de la inteligencia de éste.
Era el precio de la salud de mi hijo. Saqué fuerzas de flaqueza..., elevé cuanto pude el corazón y las ideas..., y aunque tropezando y cayendo en el camino de aquel Calvario...
Quién fuese ya os diré; que me desvía ahora quien tendréis de oír contento: la hija de Aimón, a quien saqué de escena languidenciendo en amorosa pena.
Creo que sabia manejarlo, porque saqué una linterna eléctrica o algo que parecía una linterna del bolsillo, y comprobé nervioso sus destellos.
La vida me pasé glorificando la prez de España y sus varones ínclitos: saqué la cara y enristré la pluma para loar doquier el mal que hizo.