ronco

(redireccionado de roncas)
También se encuentra en: Sinónimos.

ronco, a

(Del lat. raucus.)
1. adj. Que padece ronquera, ha perdido de forma parcial la voz o la tiene lastimada tiene la voz ronca de tanto gritar. afónico
2. Se aplica a la voz o al sonido que es grave y poco intenso. rauco
3. s. m. ZOOLOGÍA Pez marino antillano con rayas azuladas y amarillas.
NOTA: Nombre científico: (Haemulon.)

ronco, -ca

  (del l. raucu x roncar)
adj. Que tiene o padece de ronquera.
Díc. de la voz o sonido áspero y bronco.

ronco, -ca

('ronko, -ka)
abreviación
1. voz, sonido que es grave y áspero una voz ronca
2. persona que sufre ronquera Quedó ronco por el frío.
Sinónimos

ronco

, ronca
adjetivo
2 bronco, áspero, rauco.
Rauco es un latinismo solo usado en el lenguaje poético.
Traducciones

ronco

rauque

ronco

ADJ [persona] → hoarse; [voz] → husky; [sonido] → harsh, raucous

ronco-a

a. hoarse, with a husky voice.

ronco -ca

adj hoarse; estar —, tener la voz — to be hoarse
Ejemplos ?
Por eso alguna vez vuestros oídos ofende el rudo son del arpa mía: mas de sus cuerdas roncas desprendidos, exhálanse los bárbaros sonidos ricos de fe, si pobres de armonía.
Al fin por sobre el gentío Viéronse llegar jinetes, Atropellando la turba Y armados hasta los dientes. Doblaron los alguaciles Sus roncas voces al verles, Y oyéronse maldiciones De la magullada plebe.
Y llegándose más cerca, oyó que tocaban en la nave clarines y trompetas roncas, señales claras o que el general era muerto o alguna otra principal persona de la nave.
Al desconocido, a medida que el Bellotero hablaba, habíasele ido poniendo lívido el semblante, y cuando aquél hubo dado fin a su pintoresca plática, exclamó con acento en que había puesto sus más roncas inflexiones la pena: -¡Jizo bien!
sus casas están tan cerca que si dejan de reirse oiran sus lastimosas voces, los patéticos llantos de los pequeños que maman pobreza, las roncas maldiciones de hombres embrutecidos en la miseria que se han vuelto medio bestias, el regateo de un ejército de mujeres que se venden por pan.
Tomadnos y haced con nosotras conforme a vuestro placer, porque tenemos que comer." "'Y por encima del regateo del mercado, las roncas voces de los hombres, y las estridentes voces de las mujeres, se alzaron los aflautados agudos de los niños, gritado: "Tomadnos para ser vuestros sirvientes, porque los pechos de nuestras madres están secos y nuestros padres no tienen pan para nosotros y tenemos hambre.
Mas el viejo piano, también del tiempo de los padres, tenía aún vida; las cuerdas aunque algo roncas podían tocar las melodías de toda una generación.
que ya por Toledo Las roncas trompas resuenan Y se oye son de caballos, Y vivas, que la presencia Anuncian del rey Egica, Cuya venganza no alteran Ni la beldad de la víctima, Ni la crueldad de la pena.
Ya, cual sombra fatídica enojada en las nocturnas horas evocada, de Genaro a los ojos se presenta, en roncas voces demandando airada de su venganza dolorosa, cuenta: y ante ella el pobre loco prosternado, contemplando su sangre horrorizado, se agita y se amedrenta.
BERGANZA.—«Digo que todos los pensamientos que he dicho, y muchos más, me causaron ver los diferentes tratos y ejercicios que mis pastores, y todos los demás de aquella marina, tenían de aquellos que había oído leer que tenían los pastores de los libros; porque si los míos cantaban, no eran canciones acordadas y bien compuestas, sino un "Cata el lobo dó va, Juanica" y otras cosas semejantes; y esto no al son de chirumbelas, rabeles o gaitas, sino al que hacía el dar un cayado con otro o al de algunas tejuelas puestas entre los dedos; y no con voces delicadas, sonoras y admirables, sino con voces roncas, que, solas o juntas, parecía, no que cantaban, sino que gritaban o gruñían.
Yo vi más de un cazador sobre su caballo, llevando el azor al puño; o correr tras el jabalí, el oso o el ciervo; y a más de uno vi mancharse de sangre, herir, torturar, de las roncas trompas al sordo clamor, a los animales de Nuestro Señor.
Doña Juana, la de los dientes negros y amarillos, me alarga de su plato y con su propio tenedor una fineza, que es indispensable aceptar y tragar; el niño se divierte en despedir a los ojos de los concurrentes los huesos disparados de las cerezas; don Leandro me hace probar el manzanilla exquisito, que he rehusado, en su misma copa, que conserva las indelebles señales de sus labios grasientos; mi gordo fuma ya sin cesar y me hace cañón de su chimenea; por fin, ¡oh última de las desgracias!, crece el alboroto y la conversación; roncas ya las voces, piden versos y décimas y no hay más poeta que Fígaro.