riquísimo

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Sinónimos

riquísimo

, riquísima
adjetivo y sustantivo
Ejemplos ?
Aquel moro que promete con altivez mahometana en su oculto gabinete dar a una esquiva cristiana, riquísimos terciopelos y perfumes orientales...
Ocultas en el hueco sus raíces, solo en el aire al parecer segura, mostraba sus riquísimos matices de la pared sobre la piedra oscura.
¡Salve, y las leves auras te murmuren, Y el sol te dé riquísimos colores, Y abundosas las lluvias, te aseguren Tu cosecha de espigas y de flores!
En aquel tiempo, como dicen los Santos Evangelios, hubo una estirpe que llenó el universo con su fama. Su nobleza fue la más alta y esclarecida; sus hombres todos, héroes y conquistadores; riquísimos sus feudos y regalías.
Los mayores títulos de gloria de los comillanos eran haber dado la villa tres Arzobispos 22, muchos notabilísimos marinos y varios capitalistas riquísimos que, aunque residentes en Filipinas, Cádiz y otros países tan apartados, demostraban a cada paso, con limosnas y presentes de todos géneros, su amor al pueblo de su naturaleza; y sobre todo, haberse construido el magnífico templo que se levanta en la plaza, que, acaso, en su género, es el mejor de la provincia, a expensas de los mismos comillanos.
Concurren a nuestros té canasta, a las reuniones y juntas para el beneficio de los pobres y cooperan en todo lo que su bolsillo puede sostener, como que son riquísimos.
¡Ah, eso sí, son riquísimos!. Debido a tantas cualidades, la Asociación de Católicos Incólumes los hemos condecorado dándoles medalla al mérito por ser los casados perfectos.
¡Oh, campos verdaderos! ¡Oh, prados con verdad frescos y amenos! ¡Riquísimos mineros! ¡Oh, deleitosos senos! ¡Repuestos valles, de mil bienes llenos!
Distante muchas jornadas del castillo de Timbre de Gloria estaba el de la hermosa; a él se encaminaron padre e hijo, cargados de riquísimos presentes, con gran séquito de escuderos y servidumbre.
Tampoco de los guerreros cristianos se olvidaba, y el buen pastor enviaba a los ilustres caudillos de la fe, estandartes bordados, que ostentaban, con riquísimos destellos de oro, las armas de la Iglesia y las del Papa, la efigie de algún santo.
La nieve eterna, Cual disuelta en mar de oro, semejaba Temblar en torno de él; un arco inmenso Que del empíreo en el cenit finaba, Como espléndido pórtico del cielo, De luz vestido y centellante gloria, De sus últimos rayos recibía Los colores riquísimos.
Y en cuanto a la muñequita, sólo tenemos que añadir que, cumplida ya su misión, dejó de hablar, de morder y de hacer las demás operaciones impropias de una muñeca. La reina, sin embargo, la conservó cuidadosamente vestida con riquísimos trajes.