Ejemplos ?
Pero si quieres hoy verle en tu arena, deja las ovas del retrete umbrío que por último vale a tus orejas, invía estas palabras y estas quejas.
Una trasparente bujía color de rosa alumbraba el retrete colocada en una palmatoria de plata sobre la mesa del centro, donde la novia apoyaba su brazo.
¡Hija infeliz en amor! ¡Hija desdichada mía! Perdona la tiranía de las leyes del honor. Retrete o gabinete de ISABEL. Dos puertas.
Y entrando de nuevo al retrete cogí el montón de joyas que llenaba la aljofaina, desliceme al través de los desiertos salones, crucé el patio y gané la calle.
He revelado demasiado las historias de retrete, al principio; no hay que desarrollarlas hasta después de los relatos que hablan de ellas.
Las visitas de la mañana no rindieron nada..., todos se cuidaban. Nadie pidió permiso para ir al retrete, y se sentaron a la mesa.
es decir: mundos de tul, de encajes de sedosas gasas; ríos de brillantes; bellísimas flores; perfumes exquisitos; el nácar y el marfil bajo todas las formas; tesoros de raso, gro, terciopelo, blondas, oro y perlas derramados en faldas, colas, pufes, manteletas, sombrillas, zapatitos, botas, pantuflas; y allá en el fondo de un suntuoso retrete, sobre una columna de alabastro, ese delicioso vestido, ensueño de las jóvenes, compuesto de tul chantilly sobre moirée blanco, guarnecido de anchos volantes de valencienne, con una túnica del mismo tul, e iguales guarniciones recogidas con ramilletes de azahares.
Y mientras al tronco atados Con rienda corta y segura Los corceles regalados Muerden la corteza dura De dos sauces inclinados, Conducidos de un doncel Al retrete de la dama Cruzan el ancho vergel El Rey que en amor se inflama Y el Cid que le sigue fiel.
Sola en su retrete, cambiaba el blanco cendal y la corona de azahar con el velo azul de un lindo sombrerito de paja para marcharse con su novio en el coche que esperaba en la puerta a pasar su luna de miel en las poéticas soledades de una huerta.
Apenas en su castillo Ponía Ildebrán la planta Al retrete se subía De la cariñosa Isaura; Si algún adalid vecino Durante su ausencia larga Se mostró en hostilidad Solícito preguntaba: Si atacó la fortaleza O si meditó emboscadas O si al honor de su hija Se pusieron asechanzas.
Un día veinticuatro de agosto, atravesando la plaza de San Francisco, mi hermana se cruzó con un hombre cuya vista la hizo estremecer. Era el mismo que se le apareció en el retrete el día de su boda.
Hizo entrar al pobrete, ya con mal pensamiento, en su retrete, en donde le rogó que la explicase la grave enfermedad que padecía, porque sin su marido ella podía un remedio aplicar que le curase.