Ejemplos ?
Cada país tuvo su modo de hacer: unos impusieron derechos tan altos que sólo podía comerse la carne indígena; otros dictaron leyes sanitarias de hecho prohibitivas; aquéllos querían que las reses fuesen muertas a bordo; pero de cualquier modo, el grito de «¡fuera, vaca!» fue tan unánime y tan vehemente que, asustada, se volvió la vaca y desde entonces tiene que quedarse en su tierra hasta días mejores.
Mi trato de Bacas en Talca no se ha efectuado, por lo avansado del hibierno; si acaso Don Antonio Alcasar no tiene el conpleto de las reses que ha tratado, y no se hubiese ya ido fuera bueno verlo para que me admitiere ochenta o ciento de animales criollos y mansos que yo diera mosos a correspondencia del numero para su conducion tambien le pueden desir que Don Fernando Urisar me entregó una bolsa con dinero para que la entregase al referido don Antonio y que esta pronta o bien mande o de no la remitiré en primera ocasión segura: a la Rosita que me traiga un frasquito con espiritu que quedo en el estante.
Como dañino león acomete un rebaño de muchas vacas que pacen a orillas del extenso lago y son guardadas por un pastor que, no sabiendo luchar con las fieras para evitar la muerte de alguna vaca de retorcidos cuernos, va siempre con las primeras o con las últimas reses; y el león salta al centro, devora una vaca y las demás huyen espantadas: así los aqueos todos fueron puestos en fuga por Héctor y el padre Zeus, pero Héctor mató a uno solo, a Perifetes de Micenas, hijo de aquel Copreo que llevaba los mensajes del rey Euristeo al fornido Heracles.
A fuer de buen cazador y práctico en el oficio, antes de elegir un punto a propósito para colocarse al acecho de las reses, anduvo un gran rato de acá para allá examinando las trochas y las veredas vecinas, la disposición de los árboles, los accidentes del terreno, las curvas del río y la profundidad de sus aguas.
En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal.
A pocos pasos, enfrente de nosotros, estaba la taberna; y en su portal, dos reses desolladas, colgadas de una gruesa viga, eran el centro alrededor del cual giraba entonces el pueblo entero, en busca de un pedazo de carne, sabroso regalo con que se celebraba entre aquella gente la fiesta del patrono.
-Mira el mastín de la cabaña; ¡gran perro!: media nalga arrancó a un muchacho que le quiso montar el otro día. Ahora va a la carnicería a ver si pesca algo que valga la pena; ¡como hay dos reses hoy!...
Lo mientan asina como se lo he mentado por su ocupación, que es brujiar caballos, como también aseguran que y que sabe las oraciones que no mancan para sacarle el gusano a las bestias y a las reses.
No obstante, al romper el día, cuando llevé a los corderos al agua, a la orilla de este río, como obra de dos tiros de honda del sitio en que nos hallamos, y en una umbría de los chopos, donde ni a la hora de la siesta se desliza un rayo de sol, encontré huellas recientes de los ciervos, algunas ramas desgajadas, la corriente un poco turbia y, lo que es más particular, entre el rastro de las reses las breves huellas de unos pies pequeñitos como la mitad de la palma de mi mano, sin ponderación alguna.
Es célebre por el cacao que se coge en sus haciendas i calidad de toda la provincia, dista de su capital 16 leguas i está en 3 grados 11 minutos de latitud austral." El primer Gobernador de la Provincia de Guayaquil, don Juan Antonio Zelaya, en su Relación de la Provincia de Guayaquil, fecha da en Agosto de 1.765, dices "El pueblo de Machala tiene 106 indios libres de tributos, fructifican sus guertas 3000 cargas de cacao todos los años a razón de dos pesos. Tienen 2000 reses de crío y lo demás que siembran es para su manutención y están bien doctrinados de su Cura religioso".
del vasto cajón del Arauca —praderas tendidas hasta el horizonte—, sobre la verdura de cuyos pastos apenas negrea una que otra mancha Reunión de reses que se mueven en la sabana.
El recuerdo del combate de Río Negro, en que trescientos prisioneros fueron encerrados en un corral de piedra de donde los sacaron uno por uno, a lazo, para desjarretarlos y degollarlos como reses, es uno de los episodios de menor cuantía, así como escasa importancia tiene en relación a las demás herejías, el hecho de que a un joven revolucionario le hicieran comer carne asada de su propio padre.