Ejemplos ?
Me repetí y sorprendido, me desmayé al ver la cascada profundísima en la que iba a caer de no haber sido por las pirañas que me habían hecho salir.
Si le escribes, ¿te importaría decirle que Barkis está dispuesto? -¿Que Barkis está dispuesto? -repetí con inocencia---. ¿Nada más?
¡Pobre hija, me lo ha confesado todo! Yo repetí, inclinando la cabeza: —¡Pobre hija! Sor Simona retrocedió dando un grito: —¡Lo sabía usted!
-¿Otro nuevo? -repetí yo. Peggotty tosió un poco, como si se hubiera tragado algo demasiado duro, y agarrándome de la manga dijo: -Ven a verle.
-Sí, sí; no te preocupes por mí, Trotwood -replicó ella-; escúchame: ¿te vas a marchar pronto? -¿Si me marcho pronto? -repetí. -Sí.
¿Parece mentira que no se acuerde? Yo repetí desvanecida la memoria: —Sor Simona... —¡Si me ha visto cien veces cuando estábamos en la frontera con el Rey!
– ¿A dónde? – A América. – ¡A América! –repetí sin querer–. Pero, volverá, ¿verdad? La criada me miró con aire suspicaz. – Eso no lo sabemos.
No puede haber sido seductora, Davy. ¡Estoy segura de que no era eso! -Sí era: «la seductora mistress Copperfield» -repetí con fuerza-. Y «la bonita» .
¡Lo que es de ochenta pasaban! -¡De ochenta! -repetí yo atónita-. Pero ¿sabe usted lo que está diciendo? ¡Ni un patriarca de la Biblia!
Recordaba la otra celada que me había tendido aquel fraile, y juzgué sus palabras un nuevo engaño: Con orgulloso menosprecio se lo dije, y le señalé la puerta. Quiso replicar, pero yo sin responder una sola palabra, repetí el mismo gesto imperioso.
Bandido malo. Llevarle nosotros a Tánger, y allí justicia... -No, no -repetí-. Le perdono, pero le fotografiaré. ¿Volverán a atacarnos?
¡Qué sabés vos! -¿Que qué sé yo? ¡Repetí, a ver! -Sí, te repetiré hasta cansarme, que está fría, que está... Pero Cenobita no lo dejó concluir: -Pues si está fría, tomá, refrescate...