reojo

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reojo

1. loc. adv. Indica mirar con disimulo y por encima del hombro en la expresión de reojo noté que me estaba controlando porque me miraba de reojo.
2. Se usa en la expresión de reojo para indicar que se mira a una persona con desconfianza, enfado o desprecio se nota que no le gustas porque te mira de reojo.

reojo

(re'oxo)
indica mirar con disimulo Estuvo todo el tiempo mirándola de reojo.
Traducciones

reojo

de reojo ADV mirar a algn de reojo (= disimuladamente) → to look at sb out of the corner of one's eye; (= con recelo) → to look askance at sb
Ejemplos ?
Su flema, que sólo se desmintió un poco en los instantes de sus ardientes succiones, volvía a ser la misma cuando terminaba, y cuando le hube dicho que ya no podía más, volvió a mirarme de reojo, a fijar sus ojos en mí como al principio, se levantó sin decir una sola palabra, pagó a la Guérin y se marchó.
Pude observar que una o dos veces, cuando míster Quinion hablaba, miraba de reojo a míster Murdstone, como para cerciorarse de que no le estaba desagradando; y en otra ocasión, cuando míster Pannidge (el otro caballero) estaba más entusiasmado, Quinion le dio con el pie y le hizo señas con los ojos para que mirase a míster Murdstone, que estaba sentado aparte y silencioso.
Secreteando, se cogían la boca como para ahogar la carcajada, que sale espurriante, y lanzaban miradillas de reojo al racimo de mozos, que, fronteros, sin haber soltado sus garrotas y cachavas, permanecían de pie, mudos y amenazadores.
–¿Su novio? ¿Y dónde está ahora? –indagó el forastero, mientras observaba con veloz reojo la noche cerrada ya. –En Córdoba. Fue por las dispensas, porque somos primos.
Entre ellos está Martínez en apostura bizarra, calzadas espuelas de oro, valona de encaje blanca, bigote a la borgoñesa, melena desmelenada, el sombrero guarnecido con cuatro lazos de plata, un pie delante del otro, y el puño en el de la espada. Los plebeyos, de reojo, le miran de entre las capas, los chicos al uniforme y las mozas a la cara.
Leporelli ya no gritaba; se encerraba en un silencio lleno de desprecio; y cuando Musterini, arrepentido, acongojado, confesando que no había podido vender una vara de tierra para hacerse algunos pesos, ofrecía darle en pago alguna de sus propiedades, lo miraba de reojo, hacía con los labios un gesto de desdén y sacudía los hombros de tal modo que el pobre Musterini no insistía y consideraba, callado, la inmensidad de su ruina.
-Nos encuentra usted, Copperfield -dijo míster Micawber mirando a Traddles de reojo-, establecidos por el momento en una situación modesta y sin pretensiones; pero usted sabe que en el curso de mi carrera he tenido que atravesar tremendas dificultades y muchos obstáculos que vencer.
Míster Micawber, con las dos manos en los bolsillos, se hundía en su sillón y nos miraba de reojo, moviendo la cabeza como para decir que era imposible exponer más claramente la situación.
-Esta idea de mistress Micawber, mi querido Copperfield --dijo míster Micawber acercando a los dos lados de la barbilla las puntas del cuello de su camisa y mirándome de reojo-, en realidad es el salto maravilloso a que yo aludía la última vez que tuve el gusto de verle.
Cuando esto sucedía, Cañuela se levantaba en puntillas y se deslizaba hacia la puerta, mirando hacia atrás de reojo y mascullando con aire inquieto: -¡Ahora sí que revienta, caramba!
Manuel pensó que ese día acababa todo, de alguna forma Chema y don Lupe eran los de la casa, Gago ya se había ido, con lo de Luis, Manuel intuía que lo normal es que él mismo cerrara ese ciclo, y que la fecha del sobre fuera la misma. Luis le dio el sobre a Don Lupe, se disponía a guardarlo cuando ve de reojo que Manuel toma su sobre, le pasa el abrecartas.
—Esta vez, sí—no pude menos de reirme. Vezzera me miró de reojo y se calló por largo rato. —¡Parece—me dijo de pronto—que no hicieras sino concederme por suma gracia su belleza!