regazo


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regazo

(Del lat. vulgar recaptiare.)
1. s. m. Parte del cuerpo comprendida entre la cintura y las rodillas cuando la persona está sentada sentó al niño en su regazo para consolarle.
2. Hueco que forma la falda entre la cintura y las rodillas hizo un regazo con su falda para colocar los frutos que iba recogiendo.
3. Sitio donde se encuentra refugio, ayuda o consuelo. amparo, cobijo

regazo

 
m. Enfaldo de la saya, que hace seno desde la cintura hasta la rodilla.
Parte del cuerpo donde se forma ese enfaldo.
fig.Cosa que recibe en sí a otra, dándole amparo o consuelo.

regazo

(re'γaθo)
sustantivo masculino
1. zona del cuerpo entre la cintura y la rodilla estando sentada una persona El bebé jugaba alegremente en su regazo.
2. persona o cosa que da refugio o acogida Se tendió a dormir al regazo del árbol.
Sinónimos

regazo

sustantivo masculino
Traducciones

regazo

lap

regazo

sein, tour

regazo

grembo

regazo

klín

regazo

skød

regazo

Schoß

regazo

syli

regazo

krilo

regazo

ひざ

regazo

무릎

regazo

schoot

regazo

fang

regazo

kolana

regazo

colo, Lap

regazo

knä

regazo

ตัก

regazo

kucak

regazo

lòng

regazo

Обиколка

regazo

SMlap

regazo

m. lap.

regazo

m lap
Ejemplos ?
Probaré, por ejemplo el de la industriosa abeja." Cruzó las manos sobre el regazo y notó que la voz le salía ronca y extraña y las palabras no eran las que deberían ser: ¡Estoy segura que esas no son las palabras!
Esta ciudad primorosa, manantial de gente amable cortés, discreta y afable, advertida e ingeniosa es mi patria venturosa; pero la siempre importuna crueldad de mi fortuna, rompiendo a mi dicha el lazo, me arrebató del regazo de esa mi adorada cuna.
Muchos le oyeron cantar esta triste canción: Hasta hace poco, ¡Oh TONANTZIN! Nuestra madre vida, ¡Oh COATLICUE! Formadora de virtuosos, me llevabas en tu regazo creador. Pero ahora...
Por su paisaje risueño y por su alma afectuosa, nadie quiere decirle adiós a Piñas, porque hay en cada corazón, por lo menos, la esperanza de volver y hasta la resolución de morir en su regazo.
¡¡¡¡Quiero encararte a gritos, tu actuar casi siniestro; de llevar entre tus calles, todo mi gran contento¡¡¡¡ Pobre de mi mortal limitada, que cambiar eso no puedo; y quiero correr a ti, a cobijarme en tu suelo. Eres el regazo eterno, de aquella pureza de alma, del corazón que iba enarbolado, soñando con un mañana.
¿Quién, en los pasados siglos, pudo sospechar siquiera que en el regazo de la sociedad fecundada por el trabajo del hombre yaciesen soterradas tantas y tales energías y elementos de producción?
El viejo marido, observando la perpetua melancolía de su esposa, a su vez se mostraba hosco y gruñón; los criados desempeñaban sus quehaceres de mal talante, recelosos; nunca llamaba a la puerta una visita; nunca se le ofrecía a Romana ningún honesto esparcimiento: a misa los domingos y fiestas de guardar; a «dar una vuelta» por Recoletos cuando hacía bueno, y el resto del tiempo sepultada en su butaca, peleándose con una eterna labor de gancho, una colcha, que no se acababa porque a la labrandera no le interesaba que se acabase, y en lugar de mover los dedos, dejaba el hilo y las tiras sobre el regazo y se entregaba a una de esas meditaciones sin objeto, fatigosas como caminar sobre guijarros, entre polvo.
Magnifícase tu apoteosis, regazo de múltiples climas, preferida del nuevo siglo, y en sus cláusulas y en sus rimas te profetizan tus profetas y te poetizan tus poetas.
Cuando la familia salió al bosque, la cesta de la comida quedó en el regazo de la hija; el cuello de la botella asomaba por entre los extremos del blanco pañuelo; cubría el tapón un sello de lacre rojo, que miraba al rostro de la muchacha.
130 O nada o poco a ella, entonces, de ceder digna, la luz mía se confirió a nuestro regazo: de ella alrededor corriendo, de aquí y de allá, a menudo Deseo fulgía, radiante en su zafranada túnica.
Pues tampoco ella, de la diestra paterna por mí llevada, a una fragante casa llegó de asirio olor, sino que furtivos regalillos me dio en la callada noche, 145 del propio regazo de su propio marido arrancados.
Son las islas que tienden su regazo para el éxtasis espiritual, las que ofrecen un reposorio para todas las fatigas y una calma bendecida para todos los torbellinos y el fortalecimiento del cuerpo.