Ejemplos ?
Suelta la liebre pace de lo que gusta, y va donde le place, sin zagal, sin redil y sin cencerro; y las tristes ovejas ¡duro caso!
¿Si allí está el triste Boabdil, Sin amparo que le acorra, Llorando sobre el Genil, Como una cobarde zorra Entrampada en un redil?
Si Clori desestima mi desvelo, sabrá premiarle otra pastora bella. Ya baja el sol al occidente frío; vuelve, vuelve al redil, ganado mío".
De este, pues, formidable de la tierra Bostezo, el melancólico vacío A Polifemo, horror de aquella sierra, Bárbara choza es, albergue umbrío Y redil espacioso donde encierra Cuanto las cumbres ásperas cabrío, De los montes esconde: copia bella Que un silbo junta y un peñasco sella.
Por fin, el hombre muerto cesó de caminar entre los Jueces, y supe que estaba de pie en el negro redil del acusado y su rostro jamás vería otra vez en bienestar o desastre.
Aún veo sobre el carbón de tus pupilas el arrebol fascinador de ocaso; veo la vacada, escucho las esquilas: va entrando en su redil paso entre paso.
VII Joven después el nido ilustró mío, redil ya numeroso del ganado que el silbo oyó de su glorioso tío, pastor de pueblos bienaventurado; con labio alterno aun hoy el sacro río besa el nombre en sus árboles grabado.
En ese país encantado hay una feria todos los días. Yo he caído justamente sobre el redil de las ovejas y ya veis que me he traído mi parte.
¡Cuan presente tengo aquel cuarto, débilmente iluminado por una lámpara suavizada por una pantalla opaca; aquel silencio, sólo interrumpido por el canto, del sereno y, al alba, por el paso furtivo de algún fugitivo que volvía al redil!
El hijo de Tideo volvió a mezclarse con los combatientes delanteros; y si antes ardía en deseos de pelear contra los troyanos, entonces sintió que se le triplicaba el brío, como un león a quien el pastor hiere levemente al asaltar un redil de lanudas ovejas y no lo mata, sino que le excita la fuerza; el pastor desiste de rechazarlo y entra en el establo; las ovejas, al verse sin defensa, huyen para caer pronto hacinadas unas sobre otras, y la fiera sale del cercado con ágil salto.
También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor.
Aquel moro que promete con altivez mahometana en su oculto gabinete dar a una esquiva cristiana, riquísimos terciopelos y perfumes orientales, de Grecia cautiva velos y de Cachemira chales; blancas y sutiles plumas para que adorne su frente, más blancas que las espumas que alzan los mares de oriente; y perlas para el cabello, y baños para el calor, y collares para el cuello, para los labios amor; si aún lector, no has olvidado las canciones que algún día en honra y prez he entonado del bello tiempo pasado, glorioso a la patria mía; del tiempo de aquel Boabdil que lloró sobre el Genil sin amparo que le acorra, como una cobarde zorra entrampada en un redil...