recoleto

(redireccionado de recoleta)

recoleto, a

(Del bajo lat. recollectus.)
1. adj. Se aplica al lugar que es solitario, poco transitado y acogedor lee en un rincón recoleto del parque. aislado, retirado
2. adj./ s. RELIGIÓN Se refiere al religioso que vive retirado y con austeridad.
3. adj. RELIGIÓN Se aplica al convento en que se vive en recogimiento espiritual.

recoleto, -ta

 
adj.-s. Que vive con retiro y abstracción o viste modestamente.
Traducciones

recoleto

ADJ
1. [persona] → quiet, retiring
2. [calle] → quiet
Ejemplos ?
SEGUNDA PARTE Por un duende que ha venido y que estuvo en lo de Rosas, ésta y otras muchas cosas diz que Anastasio ha sabido; Porque me escribe el Chileno, con respeuto a la Isidora, de que tuvo la señora un viaje pronto y muy güeno; Pues la tarde del embarque alzó moño la Palmar, y a Güenos Aires fue a dar con la Arroyera y su charque. Y con viento rigular amaneció la Boleta, frente de la Recoleta aonde empezó a sujetar.
¿Tan desvalido anda un mongil en la corte, que falte en años floridos quien se oponga a su baluarte? DON FERNANDO Antes es todo apetitos para los gustos su estado; mas ha tan poco que vino, y vive tan recoleta, que es una santa.
Guardián de la Recoleta de Cajamarca era por los años de 1806 fray Fernando Jesús de Arce, quien, contrariando la arzobispal y disciplinaria disposición, dio en permitir el paseíto por su claustro a las cristianas que lo solicitaban alegando el delicado achaque.
Pezuela, criatura de Abascal, que desde comandante de artillería lo fue elevando hasta hacerlo nombrar virrey, apenas se vio en palacio se ocupaba en censurar, con los bajos cortesanos que rodean al sol que nace, las medidas de su respetable antecesor, deshacía cuanto él había dispuesto, hostilizaba a sus adeptos, le desconocía ciertas prerrogativas de virrey cesante y, por fin, rodeaba de espías al anciano marqués de la Concordia, quien mientras terminaba sus arreglos de viaje a Europa, vivía en casa de un amigo en la calle de la Recoleta.
Sin duda, aquella señora, alejada del mundo y candorosa como una monjita recoleta, leía en mi pensamiento, presentía lo no realizado aún...
En resumen: terminaba opinando que se previniese al padre comisario general ordenase al guardián de la Recoleta que por ningún pretexto consintiese en lo sucesivo visitas de faldas, bajo las penas designadas por la Bula de Benedicto XV, expedida en 3 de enero de 1742.
Difieren asimismo sobre la causa de la larga y no interrumpida ausencia del hijo, atribuyéndola unos a la viudez más alegre que recoleta del padre, para la cual hubiera sido estorbo o escándalo la presencia del hijo, y atribuyéndola otros al despego y a la soberbia de éste, que vivía en Madrid como caballerito muy elegante e ilustre que hablaba de su casa solariega y que repugnaba volver al lugar a ver la plebeya ordinariez de su padre y la primitiva y fundamental zapatería, tenazmente conservada.
La otra vez me enteré que una modelo muy importante norteamericana, Cindy Crowford, cuando vino a la Argentina, me llamó la atención, porque lo primero que pidió ir a ver fue la tumba de Eva Perón en el Cementerio de la Recoleta.
Leído el acuerdo anterior, y firmado por los señores que asistieron, se vio una representación del Alcalde de barrio de la Chimba, en la que se queja a el Cabildo de la mala policía que se advierte en la calle de la Recoleta a la Artillería, con todos los demás defectos que menudamente expone: en cuya vista este Cuerpo tuvo bien decretar lo siguiente: “Santiago, y enero 12 de 1813.- El sobrecargo del presidio auxiliará al alcalde de barrio de la Chimba con los presos necesarios para que se remedien los males de que se queja en esta representación por la falta de policía en la calle de la Recoleta a la Artillería, y sobre los demás ramos de que hace relación”.
La Madre Transverberación del Espíritu Santo se encargó en un convento de una parte de los dulces; Sor María en Gracia, fabricó en otro su buena porción de ellos; la Madre Salomé tomó a su cargo en el suyo las pastillas; una monjita recoleta mandó de regalo un escapulario; otras, dos estampitas; el Padre Florencio de San Pedro corrió con los sorbetes, y se encargaron a distintos manufactores y comisionados sustancias de gallina, botiquín, vinagre de los cuatro ladrones para el mareo, camisas a centenares y pantalón para los días fríos, chaqueta y pantalón para los días templados, chaquetas y pantalones para los días calurosos.
En este tiempo florecían en Lima Santo Toribio, San Francisco Solano y Santa Rosa, y el padre Ojeda, de la recoleta dominica, escribía los primeros versos de su inmortal poema La Cristiada.
Había en Lima por los últimos años del siglo XVII dos legos, juandediano el uno y de la recoleta dominica el otro, que aunque gozando fama de austera virtud, eran tenidos por el pueblo en concepto de un par de locos o extravagantes.