Ejemplos ?
Humphries comentó más tarde: "Sí tienes que explicarle la sátira a alguien, quizás te podrías dar por vencido" Cuando se le preguntó sobre la controversia (como Dame Edna) en la víspera de su gira de 2003 en Australia, ella replicó que la denuncia de Hayek era por "celosía profesional", y que Hayek estaba envidiosa por el papel de la pintora Frida Kahlo (para lo que Hayek recibió una nominacón al Oscar) que había sido originalmente ofrecido a Edna::"Cuando me ofrecieron el papel de Frida lo rechacé, y ella era la segunda opción.
Esos años eran épocas de partidos bravos, esos que le gustaban a Figueroa. Él relataba: “Contra Racing de Avellaneda rechacé de paloma un centro y (Alfio) Basile me dio una patada en la cabeza.
No, no era posible. Con ademán enérgico rechacé el tintero y el papel. -Hagan de mí lo que quieran, pero no escribo ni escribiré tal cosa.
No tengo idea de lo que comimos; sólo vi a Dora. Creo verdaderamente que me alimenté de Dora, pues rechacé media docena de platos sin tocarlos.
Se acompañaba de un instrumento mágico, que parecía una guitarra. Yo estaba sumergido en un delirio de bienaventuranzas. Rechacé todo refresco.
-gritó, y en su impaciencia hasta me echó una mano al brazo. Lo rechacé con un sobresalto. El contacto de esa mano me había hecho estremecer.
Y, al oírlo yo suspirar tanto, rechacé a la muerte y a los servidores que la acompañaban, y clamé a mi buen Padre, diciéndole: XXII.
N., al que encontré en la calle, se halla también propuesto para el cargo de profesor, y me felicitó por haber sido objeto de igual honor; felicitación que yo rechacé, diciendo: «No sé por qué me da usted la enhorabuena conociendo mejor que nadie, por experiencia propia, el valor de tales propuestas.» A estas palabras mías, bromeando, repuso N.: «¿Quién sabe?
El caballero me acarició la cabeza, pero no sé por qué no me gustaban ni él ni su voz profunda, y tenía como celos de que su mano tocara la de mi madre mientras me acariciaba. Le rechacé lo más fuerte que pude.
No hubiera podido pronunciar otras palabras que me emocionaran más en aquel momento que decirme «hijo mío». Oculté mis lágrimas en la almohada, y la rechacé con la mano cuando quiso atraerme a ella.
Cuando recobró la palabra le di las gracias por el ponche que me había ofrecido, y que rechacé diciendo que acababa de comer; pero añadí que, puesto que tenía la amabilidad de invitarme, esperaría la vuelta de su yerno y de su hija; después le pedí noticias de la pequeña Emily.
Bajó la cabeza, y sollozando como el que tiene desgarrado el corazón, le dijo: —Madre: te negué en la hora de mi orgullo; recíbeme en la hora de mi humildad. Madre, te aborrecí; dame tu amor. Madre, te rechacé; acoge ahora a tu hijo. Pero la mendiga no le respondió una palabra.