Ejemplos ?
Pero ¿iba a salir realmente? Pues sí; una buena mañana se presentaron unos hombres y comenzaron a rebuscar por el desván. Apartaron las cajas y sacaron el árbol al exterior.
Detestador de las «grandes síntesis», que tanto visten en discursos y artículos de fondo, Hojeda se consagraba a esclarecer puntos controvertidos y a rebuscar menudencias épicas.
Dedicáronse a rebuscar en los antecedentes, en la familia y en el ayer de Severo Llamas alguna de esas historietas que ofrecidas por comidilla a la malignidad la enconan y soliviantan para que se alce goteando ponzoña; y encontraron, porque siempre se encuentra, aun en el pasado más puro, aun en la más honrada familia, algo que, interpretado y comentado por el odio, resulte infamante.
Y como no sé más, en relación con las voces callao y chalaco, ni he de echarme por los espacios de la fantasía a rebuscar orígenes, pongo punto final a estos renglones.
Si los más reputados prosadores contemporáneos como Va- reía, Benot, Menéndez Pelayo y Galdós, dicen y escriben sobre la base, no somos nosotros, pobres emborronadores de pa- pel, los llamados á rebuscar argumentos en contra y corre- girles la plana.
Siendo esta una incertidumbre motora que débanos obligar a rebuscar nuevamente folios nacionales e internacionales que contuvieren este cimentador dato.
¡Cuántos que hoy buscan página en la historia con un lampo de gloria serán solo figuras de zarzuela, tipejos de novela! De apuntaciones guardo mamotretos que explotarán mis nietos si se inclinan, mejor que a cascar nueces, a rebuscar vejeces.
Su conversación era entretenida y no escasa de chistes limeños, si bien a veces me parecía presuntuosa por lo de rebuscar palabras cultas.
¿Es que gorvemos otra ves, Celipe, a las mesmas junciones d'andenantes, porqu'eres ergulloso y no te gusta que tu mujé trebaje? ¿Es qu'aún no juyó de tu caletre el resquemor que tiés que m'asolane por dir a rebuscar a los rastrojos las espigas de trigo?
Se le verá rebuscar un joven delicado y sin vigor, educado a la sombra y no a la claridad del sol, extraño a los varoniles trabajos y a los ejercicios gimnásticos, acostumbrado a una vida muelle de delicias, supliendo con perfumes y artificios la belleza que ha perdido, y en fin, no teniendo nada en su persona y en sus costumbres que no corresponda a este retrato.
Yo amo esos caracteres que se complacen en alentar con el elogio, y detesto la crítica malévola ó intran- sigente que, desdeñando las bellezas, goza en rebuscar tunarles y aquilatar defectos, rebajando siempre la talla del escritor novel.
Mucho nos cascabeleó el mote; y cuando ya talluditos nos tentó el diablo por rebuscar tradiciones, supimos que hubo un virrey, que gobernó el Perú desde 1724 hasta 1736, al que los limeños pusieron el apodo de Pepe Bandos.