Ejemplos ?
Mirad cual ruedan por la cóncava urna, cual sartal de diamantes, los planetas; como el velo de virgen taciturna, luciente cauda arrastran los cometas; no de otra suerte con su luz nocturna rebullen las luciérnagas inquietas, inundando los valles y las cumbres de repentinas, vívidas vislumbres.
Las huertas de Toca y de Noriega han depuesto su clásica hortaliza en cambio de pintados pabellones; el rústico hortelano emigró de ellas con su pesado azadón para hacer lugar al pintor y al tapicero; a la música de las chicharras y de los gorriones sucedieron los dulces ecos de una orquesta, y sobre los desnudos pavimentos, en lugar de cucarachas y abejorros, bailan, se rebullen y pasean las bellas sílfides montañesas y los feos pollos y los gallos, disputándose en reñida lid el dulce botín de una mirada o el primer pliegue de una sonrisa.
Del aire y del tipo de los pocos seres que de ordinario rebullen entre las casucas en la barriada, de los objetos que se ven arrimados a sus muros, o tendidos en el suelo, o sobre las paredillas de los huertos, y del abandono en que están las inmediatas tierras laborables, aun sin fijarse en el dato concluyente de las barquillas que huelgan en la ensenada, deduciría bien pronto el observador menos lince que, sin la excepción de uno solo, todos los habitantes de la barriada son pescadores o viven de la sustancia de este arriesgado oficio.
Todavía don Juan, su señora y sus sobrinas se hubiesen resignado a la presencia de don Olimpio si éste imitase a esos falderillos que se enroscan en una esquina, y dejándoles dormir en paz, ni se rebullen; pero don Olimpio, que ignora el uso de los cepillos de dientes, opiatas, elixires y otros refinamientos, no vive si no se acerca mucho a aquéllos con quienes conversa, y la familia de don Juan empezó a protestar, a chillar que era indispensable zafarse de una vez de pelma semejante.
En la revista Las Circunstancias se escribió: «Todas las almas que rebullen en ansias de regeneración espiritual desfilan entre los bustos de este joven extraordinario que se llama Joan Rebull».
¿Por qué, pues, precisamente con ella? Me revuelvo en el lecho. Rebullen en la sombra perspectivas extrañas, borrosos fantasmas; oigo que empieza a llover.