Ejemplos ?
Mediánez ocultaba a su amigo las batallas que reñía con aquel señorón para obligarle a transigir con el diputado por Polanueva, a quien él quería a todo trance llevar consigo al Gabinete que iba a presidir.
Por eso, al hablar de política con sus amigos, resolvía todas las cuestiones citando las palabras del diario, y con el apoyo de éste, reñía con cuantos le contradijesen.
–Sí, señor –dijo con firmeza la tía–; una sola lengua: el castellano, y a lo sumo el bable para hablar con las criadas que no son racionales. La tía de Eugenia era asturiana y tenía una criada, asturiana también, a la que reñía en bable.
Además, siempre he sido de opinión que el trabajo rudo es simplemente el refugio de la gente que no tiene otra cosa que hacer en la vida. -¡Bien, bien! -dijo la pata, que era de temperamento pacífico y no reñía nunca con nadie-. Cada cual tiene gustos diferentes.
A menudo se empeñaba en no salir, después se sofocaba, abría las ventanas, se ponía un vestido ligero. Reñía duro a su criada, luego le hacía regalos o la mandaba a visitar a las vecinas, lo mismo que echaba a veces a los pobres todas las monedas de plata de su bolso, aunque no era tierna, ni fácilmente accesible a la emoción del prójimo, como la mayor parte de la gente descendiente de campesinos, que conservan siempre en el alma algo de la callosidad de las manos paternas.
Fue el caso que El Tullido -y detrás de él toda la escuela- vio en las trapisondas de Toto alguna conexión con los enredos de Carmela, y viceversa. De tal suerte se poseyó de esta idea, que si Carmen jugaba, regañaba a Toto; si éste reñía, Carmen era la culpable.
11 Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. 12 Mas él les reñía mucho que no le manifestasen.
I Reñía una casada a su marido porque no estaba bien favorecido de la naturaleza, y a gritos le decía: -Fue grande picardía que con tan chica pieza pensaras casarte y engañarme puesto que no puedes contentarme.
Así, la gente popular madrileña en los días de la gloria de Lope, enamoraba, reñía, trataba de sus asuntos con el concepto agudo y galano del inquieto y genial Fray Félix.
Miróme ceñudo, mas no dijo nada, y yo me incliné sobre el tarro de engrudo al tiempo que arreglaba un libro, pensando: va a haber tormenta. Ciertamente, con intervalos breves, el matrimonio reñía.
Cuando moría algún niño, la digna señora manifestaba mucho contento, y reñía a los padres porque lloraban en lugar de estar llenos de júbilo al recordar que el angelito estaba gozando de la presencia de Dios.
Juana, consolada con el pie de altar y con la seguridad que Loçano la dio de parte de su amo, cobró tales alas que, en hallando ocasión, la traía a la memoria lo galán y cortés de don Gregorio. Y aunque la reñía, no mandava que se fuesse de casa.