Ejemplos ?
Estaba a punto de rayar el alba, y como algunos de los deudos de doña Inés, sus hermanos entre ellos, marchaban al otro día con el ejército real, no era imposible que en las primeras horas de la mañana pudiesen penetrar en su palacio.
aquello fue un delirio, un frenesí de amor, un deleite que me pareció como del cielo; una estrechísima unión de nuestros dos seres y una íntima fusión de nuestras dos almas, que duró hasta rayar la aurora.
Como perseguida fiera entró en mi casa: pues bien, al cazador se la den, que la mate donde quiera. Mostrarse de pecho blando con ella, fuera rayar en loca: voy a mandar que la traigan arrastrando.
Según el censo mandado formar por el virrey bailío Gil y Lemus, contaba la ciudad en el recinto de sus murallas 52.627 habitantes, y para tan reducida población excedía de mil el número de carruajes particulares que con ricos arneses y soberbios troncos se ostentaban en la alameda. Tal exceso de lujo basta a revelarnos que la Moralidad social no podía rayar muy alto.
Aún recuerdo aquellas procesiones largas, tristes, rumorosas, que desfilaban en medio de grandes chubascos. Había procesiones al rayar el día, y procesiones por la tarde, y procesiones a la media noche.
Porque en mi solo todos los trabajos Se han reunido. Yo perdí a Silvia, sin que rayar pueda Aurora alguna que a los ojos míos Muestre su rostro, con la expresión dulce De su cariño.
Cenaron enseguida y se acostaron rendidos, bajo el estruendo del cinc que el diluvio martilló toda la noche con implacable violencia. Al rayar el día, un hondo escalofrío despertó al dueño de casa.
-Ya usted sabe -replicó el tío Blas- que yo quiero complacerla siempre. Hay un medio de que mañana mismo, antes de rayar el alba, se ponga usted en camino.
Al rayar el alba en las ventanas de mi alcoba, y sólo entonces, en medio del alegre voltear de un esquilón que tocaba a misa, me dormí.
Yo puedo correr el tren con los ojos vendados, y el balasto está hecho de rayas y no de puntos, cuando pongo mi calma en la punta del miriñaque a rayar el balasto!
--- Iba a rayar el sol en el Oriente: y la serena luz de la mañana teñía suavemente con brillantes matices de oro y grana la diáfana extensión del horizonte, la claridad tendiendo mansamente por las laderas del lejano monte.
Después de una noche en lucha con el pecado y el insomnio, nada purifica el alma como bañarse en la oración y oír una misa al rayar el día.