ramalazo

(redireccionado de ramalazos)

ramalazo

1. s. m. Golpe dado con un ramal o cuerda.
2. Señal que deja un golpe de ramal.
3. Señal dejada en el cuerpo por una enfermedad la varicela le dejó algunos ramalazos en la cara. traza
4. coloquial Apariencia de homosexualidad, por los gestos o por formas de comportamiento muy femeninas no sé si es marica, pero tiene ramalazos.
5. coloquial Leve ataque de locura cuando le da el ramalazo te puede decir cualquier barbaridad. punto
6. Dolor agudo y repentino. pinchazo
7. Disgusto o malestar repentino producido por una mala noticia o un hecho inesperado. puñalada

ramalazo

 
m. Golpe dado con el ramal.
Señal que deja.
fig.Señal que sale al cuerpo por un golpe o por enfermedad.
Dolor que, aguda e improvisadamente, acomete a lo largo de una parte del cuerpo.
Adversidad que sorprende, dimanada gralte. de una culpa de que no se recelaba pena, o por causa de otro.
fig.Apariencia de homosexual.

ramalazo

(rama'laθo)
sustantivo masculino
1. dolor agudo y repentino de una parte del cuerpo Sintió un ramalazo en el cuello.
2. ráfaga de viento o de lluvia un ramalazo de viento frío
3. tendencia al comportamiento irracional experimentar un ramalazo de violencia
Traducciones

ramalazo

SM
1. (= azote) → lash
2. [de depresión, locura] → fit
me dio un ramalazo de dolorI felt a sudden stab of pain
tener ramalazoto be effeminate
3. (= ráfaga) [de viento] → gust; [de lluvia] → blast
Ejemplos ?
y ¡zas, zas! ¡qué patadas y qué ramalazos! Falo, enfrente del Artillero, como para cortarle el paso, le contemplaba; pálido, mordiendo los labios.
Tuvo, pues, Pepete no sólo que confesarse y recibir en la espalda desnuda tres ramalazos con una vara de membrillo, sino que (¡y esta es la gorda!) para que viviese en gracia de Dios, se le forzó a contraer matrimonio con una hembra de peor carácter que un tabardillo entripado, con la cual hacía meses mantenía no sé qué brujuleos pecaminosos.
Estos horrores, y otros muchos que sería largo de enumerar, los hacía sin que El Tullido se durmiera con lo cual se llevaba unos ramalazos de padre y señor mío.
La venganza de un campanero Es probable que a Escoiquiz no se le pasara tan aína el escozor de los ramalazos, pues juró en sus adentros vengarse del melindroso virrey que tanta importancia diera a repique más o menos.
Baltasar de la Cueva no se anduvo con chiquitas y les mandó aplicar en la plaza de Lima, atados al rollo y por mano del verdugo, veinticinco ramalazos.
Fue el negro a la cárcel, montolo el verdugo sobre un asno, y le aplicó los primeros veinticinco ramalazos frente las ventanas de la Real Audiencia, no sin que el negro clamorease a gritos: -¡Mi amo, señor oidor, que me matan!
«¿Si se habrá vuelto loco su merced?», se preguntaban los muchachos; pero no contaron a sus familias lo sucedido, si bien el escozor de los ramalazos los traía aliquebrados.
Tres meses después, Juan de Villegas, que previamente recibió doscientos ramalazos por mano del verdugo, marchaba en traílla con otros criminales al presidio de Chagres, convicto y confeso del crimen de defraudador del real tesoro, reagravado con los de falsificación de la firma del virrey y resistencia a la justicia.
En materia criminal la justicia del otro siglo no se andaba con muchas probanzas ni dingolondangos, y tres días después Francisco Mogollón, alias Sanguijuela, desnudo de medio cuerpo arriba y caballero en el tordo flor de lino, que así llamaban los limeños al asno propiedad del verdugo, deteníase en cada esquina, donde con medio minuto de pausa entre azote y azote, lo aplicaba el curtidor de brujas y bribones hasta cinco ramalazos con penca de tres costuras.
Álvaro Delgado-Gal incluso ha querido ver ramalazos de la leyenda negra en el tratamiento periodístico de la recesión española en 2010.
El civil que desafía a un toro, en un duelo individual y despojado de su camisa o camiseta, demuestra gran valentía y es aclamado por los entusiastas espectadores, quienes entre gritos lo levantan en hombros, escogiéndolo como el líder de los civiles por su coraje. Generalmente los brazos y espaldas de los civiles se llenan de ramalazos y cicatrices, que curan en unas cuantas semanas.
Edificio rodeado de galerías que permitían contrarrestar “temblores de tierra, abrazadores soles y fríos muy intensos y los ramalazos del zonda” según lo describe Isidro Maza en “Mendoza y sus pueblos del Este”.