Ejemplos ?
Dardant on ne sait où leurs globes ténébreux. C. Baudelaire UNA mañana gris de noviembre bajaba por los muelles con paso rápido. Una fría llovizna mojaba la atmósfera.
Pero sobre aquellas piedras había sangre: los heridos menos graves las habían maculado al pasar. Gracias a ellas, también, el niño cruzó el arroyo a paso rápido; iba hacia el fuego.
del entusiasmo que la oficialidad y tripulación del Loa, buque de mi mando, manifestó mientras perseguíamos a la corbeta peruana que logró escaparse gracias a su rápido andar.
Yo soy uno de esos maquinistas. Más aun: soy conductor del rápido del Continental. Leo, pues, el anterior estudio con una atención también fácilmente imaginable.
Pero antes de que el patrón hubiérase desnudado, Antoñuelo el Gaviota, que había estado oyendo el diálogo, cogió uno de los cabos arrollados en la popa y, antes de que pudieran darse cuenta de su decisión sus compañeros, lanzóse rápido y decidido en el hirviente oleaje.
—Papá, un tren—dice mi hija extendiendo sus flacos dedos que tantas noches besamos a dúo con su madre. —Sí, pequeña—afirmo—. Es el rápido de las 7.45. —¡Qué ligero va, papá!
Por la línea se ve avanzar al rápido como un monstruo tumbándose de un lado a otro, avanzar, llegar, pasar rugiendo y huir a 110 por hora.
El jefe de la estación anteterminal tuvo apenas tiempo de oír al conductor del rápido 248, que echado casi fuera de la portezuela le gritaba con acento que nunca aquél ha de olvidar: —¡Deme desvío!...
He aquí a los mensajeros Búhos: Flecha-Búho, Maestro Gigante Búho, Guacamayo-Búho, Cabeza-Búho; así se llamaban los mensajeros de Xibalbá. Flecha-Búho era rápido como una flecha.
Y cuando disminuye es preciso que antes fuera mayor para poder disminuir más tarde. Efectivamente. Lo mismo que lo más fuerte procede de lo más débil y lo más rápido de lo más lento. Es evidente.
-Lo que sa menester -dijo con expresión fría y resignada- es que uno pruebe llevar un cabo -y después, dirigiéndose a sus cornpañeros, gritó-: A ver, muchachos, un cabo. Un rumor de protesta brotó de todos aquellos pechos varoniles, y -Ca, patrón, usté no -dijo el Áncora acercándosele rápido.
Pronto el rápido trotar de otro caballo hizo volver el rostro a Joseíto y saludar con una exclamación de júbilo a Cayetano el Petaquero, que avanzaba hacia él también airosa y típicamente engalanado, jinete en un jaco de sangre andaluza y cabos finos como torzales, que, al aire la suelta crin, agitaba los encarnados borlones del mosquero y la también roja morillera del ensedado y vistoso atajarre.