quimérico


También se encuentra en: Sinónimos.

quimérico, a

adj. Que es ilusorio o irreal.
NOTA: También se escribe: quimerino

quimérico -ca o quimerino -na

 
adj. Fabuloso, fingido o imaginado sin fundamento.

quimérico, -ca

(ki'meɾiko, -ka)
abreviación
que existe en la imaginación y es irreal Tus planes son quiméricos.
Sinónimos

quimérico

, quimérica
Traducciones

quimérico

chimerico

quimérico

ADJ [plan, proyecto, idea] → fanciful; [esperanza] → impossible
Ejemplos ?
No se trataba de esnobismo, sino de evitar el contacto con la realidad social, que hubiera conspirado abiertamente con el mundo quimérico en el que se pretendió encerrar cada una de las historias.
El lector tiene entre sus manos “una lágrima escrita”, “un susurro novelado”, una montaña de sensaciones purificadoras dibujándose en el aire, donde el mar y la muerte, en diálogo permanente, igualan el trazo de la esperanza a la altura del cielo, por muy alta que sea la dimensión de lo quimérico.8 En 2009, Contemplación versus acto fue galardonado con el Premio Nacional de la Crítica Literaria, el más importante que se concede en el país a los mejores libros publicados en cualquier género.
En el volumen II de dicho diccionario hace referencia al Libro de los tres impostores (Moisés, Jesucristo y Mahoma) o tratado de la vanidad de las religiones en el que puede leerse cómo se le considera un «libro quimérico, del que todo el mundo habla pero que nadie nunca ha visto y que, probablemente, sólo debe su existencia, o mejor dicho, todo el ruido que desde hace tiempo hace ese título es debido a un pensamiento libertino e impío de Simón de Tournay, doctor en filosofía y teología en la Universidad de París en el siglo XIII».
El lexicógrafo Ramón Joaquín Domínguez, en su Diccionario Nacional o Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española, de mediados del siglo XIX, define perogrullada, perogrullear y Perogrullo:: «Personaje o ente quimérico, extravagante, ridículo, que se supone haber existido y dejado una preciosa colección de sandeces, apotegmas, axiomas y verdades como estas: cuatro huevos son dos pares; la mano cerrada se puede llamar puño y aun de hecho se llama así; cuando no se tiene frío, es que se ha entrado en calor; al que le quitan la vida, de seguro le matan; el que gasta el último cuarto de su última peseta, regularmente se queda sin ella; casi se puede afirmar, sin temor de ser desmentido, que no ven objeto alguno los ciegos de nacimiento.
en bien de la humanidad estremecida con la idea de las víctimas que van a sacrificarse en la sangrienta lucha sostenida por un poder que intenta esclavizar contra otro que combate por su libertad y por los más justos derechos que conocen los hombres, tributo un noble homenaje a la razón y a las luces del siglo, haciendo a su soberano, el Emperador del Brasil, una manifestación exacta e imparcial del estado político de esta provincia, de su resolución unánime y decidida de recuperar su existencia social a toda costa y de los males irreparables que van a seguirse, del empeño innoble y quimérico de subyugar un pueblo cuya historia está adornada con mil rasgos de grandeza y heroicidad en la causa de su independencia...
Y aquí el lector no se asombre ni quimérico me nombre, pues lo digo que el progreso indefinido del hombre ha de hacer mucho más que eso.
Desechando las últimas esperanzas de que los astrónomos se hubieran equivocado, los hombres sintieron la certidumbre del mal. Todo lo quimérico de sus terrores había desaparecido.
Felizmente va ganando terreno en la docta corporación la idea de que es quimérico extremarse en el lenguaje, defendiendo un purismo ó pureza más violada que la Maritornes del Quijote.
Como el polvo que juega bajo el dominio de un rayo, Miles de hilos violetas que cesan cuando él se apaga, Así, en la noche profunda de la eternidad, Todavía tenemos el momento, todavía tenemos la luz... Cuando se apaga, todo vuelve, sombras en la oscuridad, Porque es sueño del no-ser el universo quimérico...
Desde que un día una gigante sombra, cayéndose a lo largo de los mares, al que de Cáncer trópico se nombra fue a dar con su cabeza fatigada, cubriendo con su manto el Océano y haciendo de un volcán una almohada en que dormir su sueño soberano; desde que aquel coloso se hundió, midiendo con su cuerpo el mundo, con su nombre llenando la ancha historia y mil generaciones con su gloria, en silencio profundo la tierra se quedó: yació la espada y enmudeció el cañón; y tras el caos que rodeó la esencia de aquel hombre, surgió la creación, cesó la nada, y este siglo quimérico y sin nombre de sus manos salió: que él con su sangre bautizó el porvenir regenerado, y él mártir, con su muerte selló la rendición de las naciones y cerró el estamento del «pasado»...
Descubierto su rico mineral en enero de 1538 por un indio llamado Gualpa, aumentó en importancia y excitó la codicia de nuestros conquistadores desde que, en pocos meses, el capitán Diego Centeno, que trabajaba la famosa mina Descubridora, adquirió un caudal que tendríamos hoy por quimérico, si no nos mereciesen respeto el jesuita Acosta, Antonio de Herrera y la Historia Potosina de Bartolomé de Dueñas.
Pero como volveremos sobre este tema no trataremos ahora más que el fondo de la cuestión: veremos que el argumento, por especioso que parezca al principio, sólo es, sin embargo, quimérico.