purpurino

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purpurino, a

adj. De color púrpura. purpúreo

purpurino, -na

 
adj. Purpúreo.
Traducciones

purpurino

ADJpurple
Ejemplos ?
«Olé», los prohombres del arrumbo y de la estiba, y «Olé por mi Niño», gritaron también las cantadoras, mientras la Veterana, llena de orgullo y mortificada a la vez por la superioridad indiscutible de su marido sobre ella, murmuraba, claveteándose los nítidos dientes en sus labios fragantes y purpurinos: «¡Ah, charrán!
Los reyes rojos : Desde la aurora Combaten los reyes rojos, Con lanza de oro. Por verde bosque Y en los purpurinos cerros Vibra su ceño.
Rosas, claveles, Pásig ameno, Luce con galas mil; Divina aurora, Su hermoso cielo Viste de luz gentil; Sus ojos son divinos, Su frente el rosicler. Sus labios purpurinos El pecho hacen arder: En tí, dulce hermosura.
Tú hasta los pastos nuevos a ese ciervo, tú lo llevabas del líquido manantial hasta su onda, tú ora le tejías variegadas por sus cuernos unas flores, ahora, cual su jinete, en su espalda sentado para acá y para allá contento blanda moderabas su boca con purpurinos cabestros.
Invadía el sol con su radiante oleada de luz la mitad de la calle de Huerto de Monjas, calle estrecha y de humildes edificios, decorados casi todos en rejas y balcones por tiestos y macetas, donde a la esplendorosa luz de la mañana fulgían como rubíes los geráneos, las dalias rojas como perfumados purpurinos panales, y como de amatista las campánulas que salpicaban los verdes faldellines de las flotantes enredaderas.
Allí a su riego crecían, en ricos jarrones chinos, los claveles purpurinos que el Cairo tan sólo da, y el tulipán soberano que Estambul adora y cría, y la flor que a Alejandría siempre el Asia envidiará.
Castilla de grasientos peñascales, pelados serríjones, barbechos y trigales, malezas y cambrones. Castilla azafranada y polvorienta, sin montes, de arreboles purpurinos.
Rosario, a la que le retozaba la risa en los purpurinos labios, ante la cándida confianza de su don Cuyo, presintiendo la victoria segura, le preguntó a su vez con acento decidido y con resuelta actitud: -Me conformo, pero con la condición de que si tú pierdes la pelea, yo seguiré cantando jasta que se me orsíe er metá de la voz y se me agile la campanilla.
Joseíto sentíase subyugado por aquella mujer, cuyo cuerpo elástico y ondulante imitaba de tan maravillosa manera las hondas y dulces embriagueces del deseo; el lánguido desfallecer de los anhelos ya cumplidos; ora el espasmo poderoso; ora la exaltación febril y delirante; ya la repulsa provocativa y avivadora; ya la caricia llena de dulcísimas sumisiones; al par que enrojecíanse sus mejillas y aletargábanse sus ojos como vencidos por el deleite, y sus dientes de marfil amenazaban con hacer brotar la sangre de sus labios húmedos y purpurinos.
Todo se fundía en abrazo magnifícente y supremo: Crepúsculo y dulzura rítmica; añoranza lumínica y ritornelos de vida; íntima beldad entre el paso de las horas. Y a lo lejos, explosión de colores purpurinos.
Y se fijó Dolores, y no pudo por menos de decirse para su chapona: «Es verdá lo que dice la casera, que tiée güenos ojos y güen perfil y güenas hechuras, y que comparao con...» Dolores no quiso seguir pensando; habíale acudido en aquel momento a la imaginación la cara del señor Candelario, con sus rugosos párpados, su respetable abdomen y sus enormes carrillos, y sin pensarlo habíale sonreído al Caperuza, sin que en aquella ocasión se asomaran el desdén ni la ironía a sus labios purpurinos y fragantes.
¡y él vivirá en noche perpetua, en eternas tinieblas! No han de regocijar sus miradas ni la verdura de los prados, rii el esmalte de las flores y sus purpurinos matices...