Ejemplos ?
Porque siendo Tharé de setenta años, como se nos dice arriba, procreó a Abraham, a cuyo número, añadiendo setenta y cinco años que cumplía Abraham cuando salió de Charra, hacen ciento cuarenta y cinco años: luego de ésta edad era Tharé cuando salió Abraham de aquella ciudad de Mesopotamia; porque andaba en los setenta y cinco de su edad; y por eso su padre, que le había engendrado a los setenta de la suya, tenía, como hemos dicho, ciento cuarenta y cinco años.
Allí se halla también otro que procreó Efraín, el otro hijo de José es a saber, Utalaán, nieto de José; y allí estaba también Bareth, hijo de este Utalaán, es decir, nieto de ‘Efraín, bisnieto de José, los cuales por ninguna razón pudieron haber nacido cuando vino Jacob a Egipto y halló a sus nietos, los hijos de José, abuelos de estos niños, de menos de nueve años.
La falsedad de este cálculo se prueba con un evidente e irrefragable documento; pero antes de demostrarlo he creído útil alegar otro, tomado de los libros hebreos, para refutar dicha opinión. En estos libros se lee que Adán tenía no doscientos treinta, sino ciento treinta años cuando procreó a su tercer hijo.
Da principio de este modo el catálogo de las sucesiones: «Estas son las generaciones de Sem: Sem, hijo de Noé, era de cien años cuando engendró a Arphaxat, el segundo año después del Diluvio; y vivió Sem, después que procreó a Arphaxat, quinientos años, y engendró hijos e hijas, y murió.
En seguida nació Abel, a quien violentamente quitó la vida su hermano mayor, y fue el primero que prefiguró la Ciudad de Dios que anda peregrinando, la cual había de padecer injustas persecuciones de los impíos y de los hijos (en cierto modo) de la tierra, esto es, de los que gustan del origen de la tierra y se alegran y gozan con la terrena felicidad de la ciudad terrena. Pero cuántos años tuviese Adán cuando los procreó, no lo dice la Sagrada Escritura.
¿Quién no ha de llenarse de admiración al observar que Abraham procreó a Isaac de su esposa Sara...
Solamente en la generación nona, esto es, en los años de Lamech, hijo de Matusalén y padre de Noé, discrepa la suma general, pero no mucho, porque se dice en los hebreos que vivió veinticuatro años más que en los nuestros, pues antes que engendrase al hijo que se llamó Noé tiene seis menos en los hebreos que en los nuestros; pero después que le procreó, en ellos treinta más que en los nuestros, y así, quitados aquellos seis, restan veinticuatro, como queda dicho.
Me causa extraordinaria admiración que esta diosa pariese al Cinocéfalo, que transcurridos muchos años vino de Egipto, y si procreó igualmente a la diosa Calentura, averígüelo Esculapio, su biznieto; con todo, cualquiera que fuese su madre, me parece que no se atreverán los dioses peregrinos o forasteros a decir que es mal nacida y de baja condición una diosa que es ciudadana romana, estando bajo la protección de tantos dioses.
Esta es la ciudad grande.» Este Chús, padre del gigante Nemrod, es el primero que nombra entre los hijos de Cam, cuyos cinco hijos y dos nietos había ya contado; pero a este gigante, o le procreó después de nacidos sus nietos o, lo que es más creíble, la Escritura, por excelencia suya, habla separadamente de él, pues nos relaciona también con toda exactitud su reino, cuyo principio, cabeza y corte era la nobilísima ciudad de Babilonia y las que con ellas se refieren, ya sean ciudades, ya sean provincias.
Así pues, como referí arriba, comenzando la Escritura a contar los hijos de Sem, cada uno de los cuales procreó su nación, el primero que cuenta es Heber, siendo su tercer nieto, esto es, siendo el quinto que desciende de él.
Y así prosigue lo demás, diciendo el año de su vida en que engendró cada uno al hijo que pertenece a la lista y sucesión de estas generaciones que llegan a Abraham, y cuántos años vivió después, advirtiendo que el tal procreó hijos e hijas, para que entendamos la causa por qué pudieron dilatarse tanto los pueblos, y alucinados con los pocos que numera, no nos aturdamos como los niños, imaginando cómo o por qué medio del linaje de Sem se pudieron llenar y poblar tan inmensos espacios de tierra, tan dilatados reinos, y especialmente el de los asirios, donde Nino, aquel domador de todos los pueblos orientales, reinó con suma prosperidad, dejando a sus descendientes un reino estable y amplio en extremo, que duró por mucho tiempo.
Porque no por ser solos ellos los nombrados en el catálogo y serie de generaciones que convenía poner, debemos pensar que fueron solos los que entonces engendró Adán porque diciendo, después de haber pasado en silencio los nombres de todos Ios otros, que procreó hijos e hijas, ¿quién sin ser temerario se atreverá a determinar cuánta fue esta descendencia?