polvoroso

polvoroso, a

adj. Polvoriento, cubierto de polvo.

polvoroso, -sa

 
adj. Polvoriento.
Poner pies en polvorosa. fig. Huir.
Traducciones

polvoroso

dusty

polvoroso

ADJdusty
Ejemplos ?
Tú sabes dónde airado se desata El ronco y polvoroso torbellino, Dónde muge la excelsa catarata, Por dónde el hondo mar se abre camino Mas ya en tu ocaso tocas y te alejas; Ante ese inmenso pabellón de grana, Cuán ciego sin tu luz ¡oh sol!
Y la buena religiosa que debía ser entendida en el asunto, pues se encontró en la toma de Sebastopol, atravesó con las otras hermanas el polvoroso médano que nos separaba de las primeras casas del pueblo.
Luego que llegaron a los altos montes y penetraron en sus más intrincadas guaridas, he aquí que las cabras monteses se precipitan de las fragosas cumbres, mientras por otro lado los ciervos cruzan corriendo el llano y abandonan los montes, huyendo reunidos en polvoroso tropel.
Ninguno es poderoso a atacar ni a hacer frente a los Troyanos, que los van acosando y causándoles fiera mortandad; antes todos llevan pendientes de los desfallecidos hombros los arcos desarmados; el casco de los caballos bate en su carrera el polvoroso campo.
Húmidos equinoccios, fríos, serenos, labradores, pedid, que el polvoroso hielo da ricos panes, hace amenos prados; y si presume de abundoso el suelo de la Frigia, y si sus llenos campos admira el Gárgaro gozoso, de esta sazón de tiempo más le viene, que de cuanta cultura y labor tiene.
Hazañas de los griegos de otros días, romped del tiempo el polvoroso caos: corra otra vez la sangre generosa de Maratón en las cenizas frías, y al hijo de Moscovia, que os insulta, sepultad en las olas del Euxino, que de Jerges las haces aún sepulta ¡Tú, Francia altiva, liberal, guerrera, siempre audaz, siempre rica de entusiasmo, recuerda el sanguinoso Beresina, donde el que fuera de los siglos pasmo huyó por vez primera, dejando tras de sí llanto y ruina: recuerda del Kremlin la roja hoguera, que una tumba en los mares ilumina, y que el trotón cosaco tascó el freno de tu París en el lujoso seno!
Tal en los siglos de virtud y gloria, donde el guerrero sólo y el poeta eran dignos de honor y de memoria, la musa audaz de Píndaro divino, cual intrépido atleta, en inmortal porfía al griego estadio concurrir solía; y en estro hirviendo y en amor de fama y del metro y del número impaciente, pulsa su lira de oro sonorosa y alto asiento concede entre los dioses al que fuera en la lid más valeroso, o al más afortunado; pero luego, envidiosa de la inmortalidad que les ha dado, ciega se lanza al circo polvoroso, las alas rapidísimas agita y al carro vencedor se precipita, y desatando armónicos raudales pide, disputa, gana, o arrebata la palma a sus rivales.
Y el caballo impaciente de freno y de reposo, se indigna, escarba el suelo polvoroso; impávido, insolente demanda la señal, bufa, amenaza, tiemblan sus miembros, su ojo reverbera, enarca la cerviz, la alza arrogante de prominente oreja coronada, y, al viento derramada la crin luciente de su cuello enhiesto, ufano da en fantástica carrera mil y mil pasos sin salir del puesto.
Damon, su caro amigo, que escuchando Estaba el dulce canto doloroso, Salió de dónde estaba, imaginando El caso lamentable y lastimoso, Y al sin ventura Tirsi vió espirando, Teñido de su sangre y polvoroso: El nombre amado en vano repetía, Y con suspiros tristes le decía: ¿Es esta la alegría ¡ay Tirsi amado!
VIII Dulce bebía en la prudente escuela ya la doctrina del varón glorioso, ya centellas de sangre con la espuela solicitaba al trueno generoso, al caballo veloz que envuelto vuela en polvo ardiente, en fuego polvoroso; de Quirón no biforme aprende luego cuantas ya fulminó armas el Griego.
(73) Mañana no habrá tiempo, Porque de plebe henchida Del polvoroso circo La redondez fatal, En medio de la arena Dará la dulce vida La que desgarra el velo De la lujuria real.
En frente de la ciudad multitud de mancebos en la primera flor de la juventud se estaban ejercitando en cabalgar y en manejar carros en el polvoroso llano, o bien en tender los rígidos arcos, o en blandir flexibles dardos o en luchar a la carrera y a brazo partido, cuando un mensajero fue a llevar a los oídos del anciano Rey la nueva de que habían llegado unos guerreros de aventajada estatura y extraño atavío.