polvorosa

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polvorosa

SF poner pies en polvorosato beat it, scarper
Ejemplos ?
Promuévele un altercado en la calle; ordena á los alguaciles que lo lleven á la cárcel, por desacato á la autoridad; pono, el amenazado pies en polvorosa; le sacan de Santa Ana, donde había tomado iglesia; enciérranle en un calabozo, y tras darle el Asistente tres horas para encomendarse á Dios, le cuelga, sin más pro- ceso, de la horca.
Puse pies en polvorosa, y, tomando el camino en las manos y en los pies, por detrás de San Bernardo, me fui por aquellos campos de Dios adonde la fortuna quisiese llevarme.
La esperaba, como a su madre, un gran silencio, una gran paz, entre las eras verdes y la calle polvorosa, devorada de sol, cruzada por trajinantes, por rebaños de cabras.
No llevaba conmigo más arma que un pequeño revólver, y ellos venían armados hasta los dientes. El espolique puso pies en polvorosa.
¡Ya verás cómo adobamos la tuya, que parecerá un estropajo! ¡Echadle de la ciudad!-. Y Colás no tuvo más remedio que poner los pies en polvorosa. Nunca le habían zurrado tan lindamente.
Y garrote en mano, daga o puñal al cinto, en medio de espantosa gri­ tería y a carrera abierta, se lanzaban los doscientos negros aguadores sobre los ocupantes de la plazuela, que tras ligerísima resistencia y un par de ca­ bezas rotas, ponían pies en polvorosa.
-Verás tú -dijo el Ortigosa, interrumpiéndole y con voz que estaba pidiendo el más contundente de todos los correctivos-, la cosa fue que el probe del señor Jacinto tenía menos espíritu que un lúgano, y una noche que estábamos de gromas le dijimos a José que jiciera como que se abroncaba de veras, pa ver si él ponía pies en polvorosa...
Puede ser que el hombre maduro que, por primera vez, viaja por la Pampa, por curiosidad o en busca del pan cotidiano, la encuentre monótona, triste, polvorosa, fea, pero la juventud todo lo ve lleno de alegría, y su movilidad pronto se adapta al medio, cualquiera que sea, donde la coloque la casualidad.
Seguí, pues, mi marcha, sola en la tierra, pero acompañada de una hermosa luna y de millares de estrellas, que parecían escoltarme y correr conmigo. Bien pronto dejé atrás la polvorosa llanura de Pachia con sus verdes oasis y azules lontananzas.
El miedo o la curiosidad no dejó de llevar gente a la muralla, a ver si el mar salía de su centro, para poner pies en polvorosa el que pudiera, para librarse de la avalancha.
Aquel viejo de marchitas mejillas, de ojos amarillentos, de bigote azul a fuerza de tinte, no parecía sino Polvorosa, el tenorio alegre y varonil, el seductor de oficio de la ciudad...
Vencedores se arrogan los serranos los consignados premios otro día, ya al formidable salto, ya a la ardiente lucha, ya a la carrera polvorosa.