Ejemplos ?
Los rosales vertían un perfume potentísimo, agudo, todo el espacio se poblaba de una fragancia roja, fresca como un caudal de agua.
La relación de esta pretendida carnicería empieza con una impostura evidente: «Cuando la tierra gemía bajo la tiranía de Diocleciano, el cielo se poblaba de mártires.» Pues bien, esta aventura, como se ha dicho, se supone haber sucedido en el año 286, época en que Diocleciano favorecía más a los cristianos y en que el imperio romano fue más feliz.
Hubo una ciencia del milagro, un lenguaje universal y litúrgico, una categoría intelectual y moral. La sociedad crecía bajo una sombra sagrada, y la soledad se poblaba de demonios y de ángeles.
La cabalgata de las Walkirias poblaba el aire, la sobrehumana música llenaba la sala con sus sobrehumanas vibraciones y ella, como subyugada por la insistencia de mis ojos que la devoraban desde el palco, volvió a mirarme.
Cuando hubo juntado otra buena cantidad, compró otro campito y también lo pobló de ovejas, y desde entonces cada vez que le alcanzaban para ello las fuerzas, compraba otro campo y lo poblaba del mismo modo.
Un vocerío de gorriones poblaba el jardín cercano, y vibraban las voces familiares, y el mugir de las vacas y el sonar de baldes y cacharros… –¡Niño, niño, vamos a tomar la leche cruda..!
Dos hombres le asieron, uno de la ligadura del brazo, otro de la cabeza y en un minuto cortáronle la patilla que poblaba toda su barba por bajo, con risa estrepitosa de sus espectadores.
Hacia el año 1527, una colonia española poblaba el fuerte Espíritu. Santo, construido por Sebastián Gaboto en la boca del río Carcarañá, a los 32o 25' 12" de latitud al poniente del Paraná.
Entretanto, la noche había venido; el cielo se poblaba de estrellas, y la brisa cargada de perfumes, hacía de la pradera una inmensa cazoleta.
¡cuán sola!, sin la única simpatía que anhelaba. Todo en torno mío me hablaba de Antonio, y sólo su recuerdo poblaba mi triste habitación.
Del confín partían sordos silbos de sirena, el océano se poblaba de columnas de sonidos. ¡Salvos, salvos! Desde todas las direcciones del cielo aparecieron flotillas de hidroaviones.
Cuando después de una hora de esforzada labor se extrajo el cadáver, el sol ya había terminado su carrera, la llanura se poblaba de sombras y desde el occidente un inmenso haz de rayos rojos, violetas y anaranjados, surgía debajo del horizonte y se proyectaba en abanico hacia el cenit.