Ejemplos ?
Y me doy cuenta de que vivimos con 10 años de retraso cuando me detienen por la calle para plantearme los problemas que antes le planteaban al concejal del ayuntamiento —no se dan cuenta de que uno tiene que resolver los problemas de millones de ciudadanos—, cuando llega usted a una asamblea y se encuentra los mismos cartelones de demandas y las mismas cosas de hace 10 años.
Tenga a bien Vuestra Alteza oír lo que respondía San Agustín a sus hermanos, cuando éstos planteaban el problema de si es verdad que el cielo se mueve, o si permanece inmóvil: «A los cuales respondo que para conocer claramente si es asi, o no, demanda excesivo trabajo v razones agudas; y yo no tengo tiempo de emprender su estudio y exponer tales razones, ni deben ellos tenerlo.
¿Éramos ciudadanos de una República o siervos de una camarilla de explotadores?. Tal era el problema que se planteaban los hombres de bien, y que nosotros debíamos solucionar pronto.
Pero la reivindicación misma, por vaga que fuese la manera de formularla, encerraba ya una amenaza al orden social existente; los obreros que la planteaban aún estaban armados; por eso, el desarme de los obreros era el primer mandamiento de los burgueses que se hallaban al timón del Estado.
Y nos planteaban por ejemplo una cuestión de tipo ecológica: los productores necesitan una gran cantidad de gas oil, se cultivan en Argentina aproximadamente unas 178.000 hectáreas de arroz y esto les demanda la quema de 80 millones de litros de combustible, de gas oil, con la contaminación que esto trae al ambiente y además el costo que implica.
Ese contexto internacional, y las presiones que de él emanaban, planteaban a México, una estrategia substancialmente diferente, que no aceptamos; pero que sufrimos como presión: - Primero, utilizar los recursos del petróleo para la importación de los alimentos y los productos industriales cuya producción interna se reduciría como consecuencia de una apertura drástica e indiscriminada del mercado externo.
Cuando el señor Martínez Trueba, Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Consejo de Estado, habló en el Consejo en pleno, manifestó, según mis noticias – el señor Ministro estaba presente y puede rectificarme si estoy equivocado – cómo se planteaban las negociaciones que resolvería el Consejo.
Muchas han sido las ocasiones en que hemos sentido que la finalidad de esta Comisión no pasaba ni de lejos por esclarecer los hechos que se planteaban inicialmente, sino más bien para utilizar los hechos y a nosotros mismos como alimento a las líneas argumentales de según quién habla.
Hay un breve espacio de tiempo entre la aparición del Programa del Partido Liberal Mexicano de 1906, en que ya se planteaban como necesarias las reglamentaciones a la relación entre el capital y el trabajo (se proponía, entre otras cosas, la adopción de un salario mínimo, la reducción de la jornada a 8 horas de trabajo, la reglamentación del trabajo doméstico, el pago del salario en efectivo y la liquidación de las tiendas de raya) y la promulgación, en 1917, de la Constitución General de la República, donde un grupo de diputados progresistas dieron las bases de lo que es hoy el derecho al trabajo con todas sus implicaciones jurídicas.
En este mismo recinto, sentado en esa banca de la diputada –o no sé si será senadora- de verde, un diputado o senador –no me acuerdo; no voy a decir el nombre; muy inteligente, muy capaz, debo reconocerlo– fundamentó el plan que había presentado Cavallo en el cual planteaban bajar el presupuesto de las universidades.
Ahora se dice que si empezamos por ahí terminamos por allá; claro, de todas maneras hay que tratar de hacer alguna crítica, pero la gran realidad es que es muy fácil escribir en un despacho, olvidándose de que hay aquí de medio millón a un millón de desempleados y cientos de obreros que trabajan en los centros de diversión: en los cabarets, en los casinos, en los restaurantes, en los hoteles—, porque yo me encontraba al obrero de hotel, y decía: “Oye, esto es un problema, nos vamos a quedar sin trabajo, no hay turistas.” Y el otro decía: “Oye, esto es un problema.” Todos, miles de obreros me planteaban, llenos de angustia, el problema.
Los británicos entre ellos, planteaban y resolvían entonces sus negocios y discrepancias eventuales por encima o por afuera de lo que estuviese dispuesto en nuestras costumbres y nuestras leyes que – si es que existían – prácticamente no les interesaban.