Ejemplos ?
Tal y como lo describen algunos autores, la palabra derivada el confital da nombre a las «zonas de las riberas isleñas que, en lugar de arena o cantos rodados, están cubiertas de cierta piedrecilla menuda en forma de confite, de color blanquecino con leves visajes dorados.
El rey iba todas las noches a la casa del general y tiraba una piedrecilla, el general descendía una escalera, tras lo que «su Majestad hacía lo que quería», lo que en textos egipcios antiguos es una perífrasis para la actividad sexual.
Cada terraza es separada de la siguiente por una serie de jardines y de caminos en piedrecilla que simulan la interpretación de un jardín geométrico de forma circular y con un eje perpendicular al tanque.
En el caso alemán sucedía todo lo contrario, ya que su fuerza se fundamentaba en tropas regulares y de reservistas bien entrenados y experimentados, por lo que cada nueva baja supuso otra piedrecilla en la marcha de la maquinaria de guerra germana.
El nombre presumiblemente proviene del término flins en Antiguo alto alemán a su vez derivado del vocablo vlins en Alto alemán medio, que significa "piedrecilla" o "piedra dura".
Los pavimentos, de adoquines y hormigón, se entrabaron y enriquecieron con piedrecilla rubia de Isla Negra, marcando con ellos las plazoletas, accesos y esquinas, y se eliminó el desnivel entre acera y calzada para destacar el peatón como protagonista.
justa, colectiva, eterna. Málaga sin padre ni madre ni piedrecilla, ni horno, ni perro blanco! Málaga sin defensa, donde nació mi muerte dando pasos y murió de pasión mi nacimiento!
Y disponíase a mover la planta tras la piedrecilla, cuando el del puntapié, que era todo un matón, lo detuvo diciéndole: -¡Alto, camarada!
Va desde una piedrecilla hasta un sol; desde una hormiga hasta una montaña; desde un árbol hasta una flor; desde una semilla hasta tú.
De como el arzobispo de lima celebró misa después de haber almorzado Sabido es que para los buenos habitantes de la republicana Lima las cuestiones de fueros y de regalías entre los poderes civil y eclesiástico han sido siempre piedrecilla de escándalo.
Cuando terminaron de hacerlo, lo único que vieron, fue dos simples palos que no relucían como la bella piedrecilla y reiniciaron la disputa.
En una oportunidad escuché a un hermano lingüista decir que tunka es el sonido onomatopéyico, que se produce al arrojar piedrecillas a una bolsa, pero al lanzar la segunda piedrecilla se produce el sonido tun tun, luego el número dos tendría la denominación con la raíz tun, y no precisamente el diez.