Ejemplos ?
Pero cuando es el amor intemperante el que prevalece en la constitución de las estaciones, destruye y arrasa casi todo, engendra la peste y toda clase de enfermedades que atacan a los animales y las plantas; las heladas, el granizo y el añublo provienen de este amor desordenado de los elementos.
El hambre y la peste reinarán sobre la tierra y el hombre será la causa de estos sufrimientos, su ambición desmedida, vanidad exagerada y su egoísmo...
Era una mujer muy versada en todo lo concerniente al Amor y a muchas otras cosas. Ella fue la que prescribió a los atenienses los sacrificios que suspendieron durante diez años una peste que los amenazaba.
Oyeron esta peste bien razonada, y respondieron que no les faltaban manos ni valor para la ejecución; empero que echaban menos para este hecho la persona de Marco Bruto, que con la asistencia de sus virtudes y opinión la calificaría; y ofreciéronse al riesgo, si Bruto los acompañase en él.
Oh dioses, si vuestro es compadeceros, o si a alguien algún día una extrema ayuda ya en la misma muerte ofrecisteis, a mí, triste, miradme y si mi vida puramente he llevado, arrebatadme esta peste y calamidad a mí, que en mí reptando como una parálisis en mi organismo ha expulsado de todo mi pecho las alegrías.
En el Congo, más de una vez me había encontrado con negros encadenados por el pescuezo a recios árboles para que no pudieran deambular a través de los poblados propagando su peste.
Estuvo dos meses enfermo del estómago y cuando creyeron que se había curado, una peste curiosísima, manchas negras con borde bronceado, le comenzó a cubrir la piel en todas partes del cuerpo, y aunque varios médicos sospechan que es una afec-ción nerviosa, ninguna autoridad sanitaria le permite al primo Guillermo abandonar la isla donde "se comió su fortuna".
Fue por aquel entonces cuando los excesivos calores del verano de 1466 provocaron aquella gran peste que se llevó a más de cuarenta mil criaturas en el vizcondado de París, entre los que hay que contar, dice Jean de Troyes, a «maese Arnoul, astrólogo del rey, que era un hombre de bien, conocedor y muy agradable».
Hubo una abuela tísica en su raza; y una hija después, madre de este hijo, tuvo dos: de salvarlos no hubo traza y murieron los dos a plazo fijo; ahora le toca a éste. YO. —¡Pero eso es una peste! DR.
Y llegó el año de la peste; moría el pueblo bajo el sol; con su cortejo de enlutados pasaba al trote algún doctor y en un hartazgo dilataba su puerta «Los Hijos de Dios».
—¡Oh, Señor, Dios de los Ejércitos. La peste aléjanos, Señor...! En la esquina de Miracielos hubo una breve oscilación; los portadores de las andas se detuvieron; Monseñor el Arzobispo, alzó los ojos hacia la Cruz; la Cruz de Dios, al pasar bajo el limonero, entre sus gajos se enredó.
En el caso de la fracción anterior y en el de peste o hambre, si no hubiese tiempo para convocar y reunir al Poder Legislativo podrá decretar empréstitos o contribuciones generales, en justa proporción a los haberes de cada ciudadano, pero nunca en personas determinadas, previo acuerdo del Consejo, dando cuenta exacta del uso que hubiese hecho de esta facultad.