Ejemplos ?
Pensando estaba, pensando la triste vida que hace, pensando en aquel tiempo que solía festejare, cuando justas y torneos por la condesa solía armare. Durmióse con pensamiento, y empezara de holgare, cuando hace un triste sueño para él de gran pesare.
Alzó los ojos en alto a la puerta del lugare, llorando de los sus ojos comenzara de hablare: -¡Oh esforzados caballeros, de mi duelo habed pesare, armas que mi padre puso mudadas las veo estare!
Creemos que es dada sentencia, o que se quería ahora dare, por que ayer hubimos cartas de Carlos el emperante, que quitemos estas armas, pongamos las naturales, y que guardemos las tierras por el conde don Beltrane; que ninguno de Celinos en ellas no pueda entrare. El conde desque esto oyera, movido de gran pesare, vuelve riendas al caballo, en el lugar no quiso entrare.
Asentose el Emperador y a todos manda posare; entonces con voz humilde les empezó de hablare: -Esforzado conde Dirlos, de vuestra venida me place, aunque de vuestro enojo no es de tener pesare, porque no hay cargo ninguno, ni verguenza otro que tale, que si casó la condesa, no cierto a su voluntade, sino a porfía mía y a ruegos de don Roldane, y con tantas condiciones que sería largo de contare; por do siempre ha mostrado teneros amor muy grande.
Si supiera que a la partida llebábades tal pesare, no os enviara yo, el conde, que otros pudiera emviare; mas por ser buen caballero sólo a vos quise emviare.
Don Roldán que esto oyera con gran enojo y pesare, no por lo que el conde dijo, que con razón lo veía estare, mas en nombrarle Reynaldos, vuelto se le ha la sangre, porque los que mal le quieren, cuando le quieren facer pesare, luego le dan por los ojos Renaldos de Montalvane.
Las doncellas que lo oyeran atal respuesta le hacen: -Lo que vos sentís, señora, no son nuevas de pesare, es venido un caballero así propio como salvaje; muchos caballeros con él, ¡gran acatamiento le hacen!
Por esto cartas envía con palabras de pesare, que aquello que él ha dicho no le basta hacer verdade, que aunque el conde no viniera había quien lo demandare.
O es casada la condesa, o mis tierras van a male. Allegóse a las puertas con gran enojo y pesare; miró por entre las puertas, gente de armas vido estare.
Allí hablara Oliveros, allí habló don Roldane: -Miente, señor, el palmero, miente y no dice verdade, que en Mérida no hay cien castillos, ni noventa a mi pensare, y estos que Mérida tiene no tien quien los defensare, que ni tenían señor, ni menos quien los guardare. Desque esto oyó el palmero, movido con gran pesare, alzó su mano derecha, dio un bofetón a Roldane.
El conde desque esto oyera, empezola de mirare; con una voz amorosa presto tal respuesta hace: -No lloredes vos, condesa, de mi partida no hayáis pesare; no quedáis en tierra ajena, sino en vuestra a vuestro mandare, que antes que yo me parta todo vos lo quiero dare.
Como sin la condesa se vido navegando por la mare, movido de muy gran saña, movido de gran pesare, diciendo que por ningún tiempo de ella lo harán apartare, sacramento tiene hecho sobre un libro misale de jamás volver en Francia, ni en ella comer pane, ni que nunca emviará carta, porque dél no sepan parte.