Ejemplos ?
Frente a él, en una pequeña mesa laqueada de rojo, se veían algunos coranes forrados de pieles teñidas de diferentes colores, y a otro costado algunos pliegos de pergamino auténtico, con pequeñas bolsas de cuero rojo encima.
De unas en otras los ojos No cesaba de pasar El caballero, abismado En honda perplegidad, Cuando tendiendo una mano Por movimiento casual La lleva al cajon y dentro Con un pergamino dá.
La misma siniestra sonrisa rizó los labios del incógnito, que tomando de su escarcela una hoja de pergamino, trazó con la uña del pulgar algunas letras.
El enlutado entonces que mostraba Autoridad entre ellos, la voz fiera Alzó en un pergamino que llevaba Leyendo en torba voz de esta manera...
También cortó un blanco pergamino a vueltas y a ondas...
Era un gigante de huesos y de pergamino, encorvado, con los ojos hondos y la cabeza siempre temblona, por efecto de un tajo que había recibido en el cuello siendo soldado en la primera guerra.
Consideramos nosotros que el pergamino que le habéis traído al Doctor Herrera es como un título consagratorio de su acierto en materia de política internacional americana.
Fray Ambrosio, pálido de cólera, levantó los brazos escuetos, gigantescos, amenazadores: Sobre su cabeza siempre temblona, bailoteaban las manos de rancio pergamino: —¡Calla, lengua de escorpión!...
, legislador, no escribió nada; ni un papiro dejó, ni un pergamino: quedó tras Él su espíritu divino, su fe con su memoria inmaculada.
Abrióla aquel hombre, acaso Esperando en su fortuna; Alzó la tapa importuna, Ansiosa de ver si allí Algún secreto encontraba Que influyera en su destino, Mas sólo halló un pergamino Escrito, y decía así: «COMO CUANDO AQUÍ TE VUELVAS TODO LO HABRÁS YA PERDIDO, Y TENDRÁS PUESTO EN OLVIDO A TU PADRE Y A TU HONOR, EN ESA CUERDA Y ESCARPIA LO QUE MERECES TE DEJO Y CREO QUE ES EL CONSEJO QUE PUEDO DARTE MEJOR.» Quedóse don Juan atónito, Pues no era otro el que leía, Ni era otro el que escribía Sino su padre don Gil; Y sin apartar los ojos De aquel fatal pergamino, Contemplaba su destino Con arrebato febril.
Melchor de Castro Macedo, Procurador General de esta Ciudad, digo que las Ordenanzas de esta Ciudad hechas para su buen gobierno desde su fundación, que están confirmadas por la Real Audiencia de esta Ciudad, andan rotas y mal tratadas y a riesgo de perderse las originales; y si esto subcediese / sucediese, sería de mucho daño (y perjuicio) para el buen gobierno de esta República; para cuyo remedio a Vuestra Señoría pido y suplico mande que en el Libro del Cabildo se ponga un traslado auténtico de las dichas Ordenanzas o las originales con las que se han hecho las justicias, se pongan cosidas y encuadernadas a modo de libro, con cubiertas de pergamino y se guarden en el Archivo de este auto...
«¡Malditos maderos viejos!», Exclamó don Juan, alzándose; Mas en su plan afirmándose, Dijo: «Un árbol valdrá más.» Mas mirando al techo al irse Por azar, cuál fue su asombro Cuando pegado a un escombro Otro pergamino vio...