Ejemplos ?
Y les dijo que el buen rey Norandino, rey de Damasco y rey de Siria entera, había hecho a oriundo o peregrino que sido armado caballero hubiera, a la justa invitar que al día vecino convocada en la plaza al alba era; y bien podrían mostrar, sin ir más lejos, que eran su gesto y su valor parejos.
Pronto la luna apareció serena sobre un picacho de la curva andina, y una lechuza desgranó su pena desde el roto esqueleto de una encina. Allí quedéme estático y suspenso, sin saber de mí nada; al otro día pensé en el peregrino...
Bella matrona, por la edad no ajada, aun muestra cuánto fué su edad primera en gracia y hermosura aventajada: aún brilla en sus miradas, hechicera, la luz de la pasión, y aun a despecho del pesar que la acosa, tiñen su bello rostro peregrino, y sus torneados hombros y alto pecho, el color del jazmín y de la rosa, que envidia dieran al pincel de Urbino.
Quedó Blanca mirando al peregrino Tal promesa y palabras escuchando, Y á su lado sentándose el buen hombre Desta manera á Blanca siguió hablando.
e haría largo, si contar quisiese uien fue el que lo arrojó de tal manera ue en medio del camino a quedar vino e presa del siguiente peregrino.
DON DUARTE Entráronse, y, de camino la puerta echaron tras sí. Amigo, esperadme aquí. (Aparte.) ¡Oh, qué intento peregrino! DON DUARTE ¿Dónde vais?
-¿Te llamas? pregunté, y el peregrino: -Soy el Dolor, me dijo, y poco a poco se alejó en las revueltas del camino. Marchó de cara al moribundo día, hacia el lejano resplandor postrero, y a manera de sol que se moría, su planta iba sangrando en el sendero.
y más que endeble, indeleble. Peregrino caminaba sin fatiga por senderos cotidianos e imprevistos como nacido para buscar arduamente siempres donde sólo se han sembrado nuncas...
Lo comentan los niños jugando Con el agua de un cauce sereno. ¿Dónde va el peregrino celeste Por el claro infinito sendero? Va a la aurora que brilla en el fondo En caballo blanco como el hielo.
No importa, sin embargo. El pueblo sabe que se le ha muerto el más alto y peregrino de sus príncipes. Y aunque honor de príncipe se le debiera rendir, no habrá para el difunto fastuosidades, corazas, penachos, sables relucientes, músicas vibradoras ni desfiles marciales.
Pura, casta, esplendente, y perfectísima, la célica escultura pieza salió maestra y hermosísima, desmintiendo de humana criatura ser obra, o concepción; soplo divino animaba su mármol insensible; y el rostro peregrino radiaba aun más allá de lo creíble la virtud y pureza del ser hermoso de quien es trasunto la marmórea cabeza, sin concepción creada en solo un punto.
Soy el tiempo. Soy el tiempo peregrino de los aires; testigo de hazañas escondidas que se ocultan por no herir la humildad del universo.