Ejemplos ?
El señor comisario, como quien despierta de un dulce sueno, los miró y miró al delincuente y a todos los que alderredor estaban, y muy pausadamente les dijo: “Buenos hombres, vosotros nunca habíades de rogar por un hombre en quien Dios tan señaladamente se ha señalado; mas pues é nos manda que no volvamos mal por mal y perdonemos las injurias, con confianza podremos suplicarle que cumpla lo que nos manda, y Su Majestad perdone a este que le ofendió poniendo en su santa fe obstáculo.
En segundo lugar, siento muchísimo que me hable usted con tanta conmiseración y blandura; pues yo no entiendo de suavidades, zalamerías ni melindres. Perdone usted la rudeza de mis palabras, pero cada uno es como Dios lo ha criado y a mí no me gusta engañar a nadie.
Y porque dije de mortuorios, Dios me perdone, que jamás fui enemigo de la naturaleza humana sino entonces, y esto era porque comíamos bien y me hartaban.
El Ratón dio un salto inesperado fuera del agua y empezó a temblar de pies a cabeza. - ¡Oh, le ruego que me perdone! - gritó Alicia apresuradamente, temiendo haber herido los sentimientos del pobre animal- .
9 de septiembre de 1889 Conciudadanos: Quiero, ante todo, saludaros con el mayor entusiasmo, y luego, de inmediato, pedir a esta altiva y generosa juventud que me perdone por el juicio que de ella me había formado, pues confieso que no hace muchos meses, y en una carta que dirigía a un antiguo y valeroso compañero de las luchas cívicas y actualmente en Europa, le expresaba la profunda decepción que me inspiraba la actitud de la juventud tratándose de la cosa pública.
- Buenos días señorita...-Irrumpe con amabilidad el vergonzoso. - ¿Perdone, podría usted informarme dónde puedo localizar al señor director?.
---Es devocion y eso baste, Que habeis hecho tres preguntas Sin que os preguntara nadie. ---Perdone el buen peregrino. ---Vaya el buen guia adelante.
Llamó a la puerta en voz baja: y en voz amenazadora, «¿quién va?», respondió un portero que los dados abandona. «¿Vive esta casa, y perdone, don Luis Tenorio?
Aquí se me volvió la carne de ga- llina, y contesté: —Perdone su señoría que me niegue á jurar; porque mi religión me lo prohibe.
El gitano se echó a reír, y respondió: - ¡Es claro! Su merced dirá: este gitano es como todos, y quiere engañarme. ¡No me perdone Dios si miento!. Ayer ví a Parrón.
Pero la Internacional descansa en •un hecho, en el que hay, cuando no un fondo de justicia, • una loable aspiración.» Perdone el ilustrado señor T.
-¿Y tisté cree que yo me voy a esperar aquí a que usté se cargue conmigo esa malilla faena? -Vamos, compadre, usté perdone - exclamó el Tarumba, al parecer arrepentido de sus belicosas palabras -.