Ejemplos ?
Nuestra sangre y la palabra nuestra encendieron un fuego pequeñito en la montaña y lo caminamos rumbo a la casa del poder y del dinero.
Me ha criado de pequeñito, y me cubría de besos, llevando en sus brazos al hijo de Agamenón, y Leda hacía lo mismo, y no me honraban menos ambos que á los Dióscuros.
Gallardos, cubiertos de rico plumerío, con el pescuezo desnudo y al fin de él un cráneo pequeñito con recio pico y ojos vivísimos, balanceánbanse de adelante atrás.
Y al tenderle el especiero el número de Nautiliense, todo arrugado y oliendo ya a cominos, la mujeruca suspiró de un modo adulador: -¡Ay, qué presioso es el pequeñito!
El ser el más pequeño de complexión muy delicada, sin que jamás pronunciase palabra, daba pábulo a su tristeza, pues creían que era tontería lo que significaba bondad. Era muy pequeñito, y cuando nació era tan diminuto como el dedo meñique, lo que hizo que Meñiquín se le llamara.
Allá en el bosque había un abeto, lindo y pequeñito. Crecía en un buen sitio, le daba el sol y no le faltaba aire, y a su alrededor se alzaban muchos compañeros mayores, tanto abetos como pinos.
No crea usted que fue mártir casual: su aspiración de siempre era esa, ir a predicar a los que desconocen el Evangelio y derramar su sangre para atestiguar la fe. Desde pequeñito le sedujo tal idea, y puede decirse de él lo que de pocos: que de la tela de sus sueños cortó su destino.
Pongo párrafo aparte para elogiarte mi desconfianza, porque lo merece: ésta es tal, que desde pequeñito dieron en llamarme por apodo Niporesas, apodo que pasó a ser apellido, así como hay apellidos que pasan a ser apodos.
Vea usted aquí, señor Fígaro, a Eduardo Priestley, humilde servidor de usted, cuyo destino debía haber sido sin duda ser inglés, protestante y rico, español, católico y pobre, sin que pudiese encontrar más causa de este trastrueque que las circunstancias. Ya usted ve que la tomaron conmigo desde pequeñito.
Miles de vocecitas de un timbre lúcido y encantador entonaban suavemente este canto como si estuvieran arrullando a un pequeñito para que durmiera.
Estos alambres componen el límite de un mundo pequeñito, donde se realizan escenas de ventura como las que yo he soñado en momentos felices, que por ser felices huyeron pronto.
Que un Torcuato, quiero, pequeñito, desde el regazo de la madre suya 210 alargando sus tiernas manos dulce ría a su padre medio abierto su labiecillo.