peplo

peplo

(Del gr. peplon.)
s. m. HISTORIA Vestidura femenina amplia y sin mangas usada en la antigua Grecia.
NOTA: También se escribe: péplum

peplo

 
m. Túnica sin mangas, abrochada en la espalda y con holgadas caídas en la cintura.
Traducciones

peplo

Peplos

peplo

peplos

peplo

péplos

peplo

peplos

peplo

peplos

peplo

peplo
Ejemplos ?
Y tú, Héctor, ve a la ciudad y di a nuestra madre que llame a las venerables matronas; vaya con ellas al templo dedicado a Atenea, la de los brillantes ojos, en la acrópolis; abra la puerta del sacro recinto; ponga sobre las rodillas de la deidad, de hermosa cabellera, el peplo que mayor sea, más lindo le parezca y más aprecie de cuantos haya en el palacio, y le vote sacrificar en el templo doce vacas de un año, no sujetas aún al yugo, si apiadándose de la ciudad y de las esposas y niños de los troyanos, aparta de la sagrada Ilión al hijo de Tideo, feroz guerrero, cuya braveza causa nuestra derrota y a quien tengo por el más esforzado de los aqueos todos.
También a Penfredo de bello peplo, a Enío de peplo azafranado y a las Gorgonas que viven al otro lado del ilustre Océano, en el confín del mundo hacia la noche, donde las Hespérides de aguda voz: Esteno, Euríale y la Medusa desventurada; ésta era mortal y las otras inmortales y exentas de vejez las dos.
¡Pero, en fin, después de la tempestad, veo renacer la calma! Hermana, ¿por qué lloras tapándote la cabeza con tu peplo? Me da vergüenza hacerte compartir mis males y causar á una virgen el sufrimiento que soporto.
HÉCUBA Y abrazaste humildemente mis rodillas. ODISEO Por cierto que mi mano estaba casi muerta en tu peplo. HÉCUBA ¿Y qué decías entonces, cuando eras mi esclavo?
Astros uránicos, cara de raza la negra Nix que os arremolináis alrededor de su trono, resplandecientes, semejantes al fuego; que engendráis todo lo que está sometido a las Moiras, reveladores de todos los destinos; que mostráis la vía divina a los hombres mortales, que tenéis siete rayos, que alumbráis todas las zonas, que vagáis por el aire y corréis por el fuego, uránicos y terrestres, iluminando siempre el negro peplo de Nix, revestidos de esplendores, amables y nocturnos, venid a los misterios sagrados y otorgad un curso feliz a los ilustres sacrificios.
Selene que tienes los cuernos del toro, nocturna que andas por el aire, virgen que llevas antorchas, rodeada de estrellas; que aumentas y disminuyes, varón y hembra, brillante, aficionada a los caballos; madre del tiempo que produces los frutos, resplandeciente, llena de tristeza, iluminadora nocturna que lo ves todo, que amas las vigilias, florida de hermosos astros; que te regocijas con el reposo y la alegría, inflamada, amable, productora, diestra, la de largo peplo, la que anda a la redonda, virgen sabia; ven.
Reparando la tercera vez en Ayante, dijo el anciano: — ¿Quién es esotro aqueo gallardo y alto, que descuella entre los argivos por su cabeza y anchas espaldas? Respondió Helena, la de largo peplo, divina entre las mujeres: — Ese es el ingente Ayante, antemural de los aqueos.
Tuvo también una sagrada estirpe de hijas que por la tierra se encargan de la crianza de los hombres, en compañía del soberano Apolo y de los Rios y han recibido de Zeus este destino: Peito, Admeta, Yanta, Electra, Doris, Primno, la divina Urania, Hipo, Clímene, Rodea, Calírroe, Zeuxo, Clitia, Idía, Pisítoa, Plexaura, la encantadora Galaxaura, Dione, Melóbosis, Toa, la bella Polidora, Cerceis de graciosa figura, Pluto ojos de buey, Perseis, Yanira, Acasta, Jante, la deliciosa Petrea, Menesto, Europa, Metis, Eurínome, Telesto de azafranado peplo, Criseida, Asia, la deseable Calipso, Eudora, Tyche, Ánfiro, Ocírroe y Estigia, la que es más importante de todas.
Y preñada luego la diosa en su abrazo con el dios, parió a Leto de azulado peplo, siempre dulce, benévola con hombres y dioses inmortales, dulce desde su origen, y la más amable dentro del Olimpo.
Ambas sostenían cuidadosamente a su señor, y éste, andando, se sentó en un trono reluciente cerca de Tetis, asió la mano de la deidad, y le dijo: —¿ Por qué, oh Tetis, la de largo peplo, venerable y cara, vienes a nuestro palacio?
Resuelto está y se cumplirá. Y la corona orna ya las sienes de la regia esposa, y ya perece con su peplo. Ya, ya emprenderé mi funesta fuga, y les dejaré un legado aún más funesto ...
HIPÓLITO No, no puedo callar las cosas horribles que he oído. LA NODRIZA ¡Te lo suplico por tu hermosa mano derecha! HIPÓLITO ¡No toques mi mano, no toques mi peplo! LA NODRIZA ¡Oh!