penca

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penca

1. s. f. BOTÁNICA Hoja carnosa o tallo en forma de hoja carnosa de algunas plantas, en especial hortalizas, o parte de ella que presenta esta característica una penca de apio.
2. BOTÁNICA Nervio central grueso de las hojas de algunas plantas como las acelgas o las alcachofas.
3. BOTÁNICA Tallo de algunas hortalizas.
4. ZOOLOGÍA Tronco de la cola de algunos cuadrúpedos.
5. Tira de cuero con que se azotaba a los condenados. látigo

penca

 
f. bot. Parte carnosa de ciertas hojas.
fig.Tira de cuero o vaqueta con que el verdugo azotaba a los delincuentes.
Traducciones

penca

carde, côte

penca

Pimmel

penca

gay

penca

SF
1. (Bot) (= hoja) → leaf; (= nervio) → main rib; (= chumbera) → prickly pear
2. (Méx) [de cuchillo] → blade
3. agarrar una penca (LAm) → to get sloshed
hacerse de pencasto have to be coaxed into doing something
4. (Andes) una penca de casaa great big house
una penca de hombrea fine-looking man
una penca de mujera fine-looking woman
5. (LAm) (= pene) → prick
Ejemplos ?
Entonces los animales reunidos construyeron con finas maderas de ocote y pencas de maguey una suntuosa silla para llevar en andas al tlacuache, intercesor de las lluvias.
Cuando él excitaba a su novia para que no se hiciese de pencas y fuese generosa y se ablandase y cediese, ella, o se enojaba porque él le faltaba al respeto y mostraba que no tenía por ella estimación, o bien derramaba amargas lágrimas y exhalaba suspiros y quejas considerándose ofendida.
¡Cómo le habían pegado! El grupo de pequeños avanzaba, de vuelta a la aldea, entre las pencas del camino. Hablaban poco y a media voz, con una entonación adolorida.
Allá las galerías del Generalife con sus azulejos parecidos a piedras preciosas y sus tejas relucientes como el oro puro, destacándose entre los sicomoros y las palmas y teniendo los mirtos y laureles por alfombra y los olorosos jazmines y los trepadores rosales por corona; acullá los barrios del Albaicín con sus patios misteriosos engarzados en una orla de oscuros áloes y claros nopales, entre cuyas pencas espinosas levantan sus ramos y sus flores las poéticas adelfas!...
Saltó el licenciado, y dixole: ¡gentil chirrichote!, ¿Dándole una moza como mil relumbres, hija de sus padres, más rubia que las candelas, que no sabe lo que se tiene, hecha de cera, que le viene de molde, y hácese de pencas?
Segundo: Como consecuencia de lo convenido, quedarán para Entre Ríos las siguientes islas: del Pillo paraje Vuelta de Montiel, Paraguayito, del Paraguayo II, el Brasilero, de la Paloma, sin nombre N° 2 (frente a la de la Paloma), del Francés, Castellanos, del Espinillo, Invernada, sin nombre N­ 3 (frente a la anterior), Flora, Rosita, sin nombre N° 6 (frente a San Lorenzo), Carcarañá, las Pencas, sin nombre N° 14 (km.
El cerco está enrarecido. Las pencas han perdido su prístino barniz. Deslustradas por la costra del polvo recalcitrante, se yerguen, como maraña de lanzas oxidadas, y no sienten, como los cercos montañeros, ceñida a su desnudez, la gaya caricia de las enredaderas.
Esos campos do la ceiba Hasta las nubes levanta De su copa el verde toldo, Que grato frescor derrama: Donde el cedro y la caoba Confunden sus grandes ramas, Y el yarey y el cocotero Sus lindas pencas enlazan Donde el naranjo y la piña Vierten al par su fragancia; Donde responde sonora A vuestros besos la caña; Donde ostentan los cafetos Sus flores de filigrana, Y sus granos de rubíes Y sus hojas de esmeraldas.
En el mismo momento que se comentaba lo descubierto, XÓLOTL se arrancó de la tierra y salió desesperadamente corriendo sobre sus dos cañas. Llegó hasta un maguey y buscó una de las pencas para refugiarse.
Pasamos junto a ti; sin advertirlo te rocé y de tus pencas la más gruesa asestando en mi frente un fuerte golpe la cara me dejó de espinas llena.
-Tiene usted razón que le sobra, señá Nicolasa. El chico es tan bueno, noble y tranquilo que no será menester que usté se haga de pencas.
Blas para conservar ilesa la prenda que se le dio en depósito, al primer arrumaco que a quemarropa lanzó el fogoso muchacho sobre la inflamable doncella, no se hizo ella de pencas, y cada domingo la enamorada pareja aprovechaba de la hora en que el tutor, como buen hijo de la perezosa España, acostumbraba dormir la siesta, para darse un hartazgo de palabras almibaradas y demás cosas que sospecho deben darse entre amantes.