penates

penates

(Del lat. penates.)
s. m. pl. MITOLOGÍA Dioses domésticos de los romanos.
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.

penates

 
m. pl. rel. Dioses domésticos de los romanos.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Ejemplos ?
Tan cierto es que el cambio de lugar nada tiene de penoso, que se abandona la patria para venir a esta isla. He conocido a algunos que dicen existir en el hombre cierta necesidad natural de cambiar de asiento y trasladar sus penates.
Abrazos helados Y falsas caricias Le daba tan sólo Su cómplice indigna; Que adúltera luego, Furiosa, perdida, Llenó sus penates De eterna ignominia.
Allí decidieron definitivamente los pastores instalar sus Penates y sus dioses Lares; en primer lugar, porque se creyeron ya a salvo de los que pudieran perseguirles; luego, por la extraordinaria fertilidad que enriquecía la comarca con todo género de provisiones.
De esta inminente ruina dice que los libra depositándolos y guardándolos en la memoria de los buenos, por medio de aquellos sus libros, con una diligencia harto más provechosa que la que es fama usó Metelo cuando libró su estatua de Vesta, y Eneas sus Penates del voraz incendio de Troya.
Cuán imprudentes fueron los romanos en creer que los dioses Penates, que no pudieron guardar a Troya, les habían de aprovechar a ellos Y ved aquí demostrado a qué especie de dioses encomendaron los romanos la conservación de su ciudad: ¡oh error sobremanera lastimoso!
XVIII Al régimen atento de su estado, a sus penates lo admitió el Prudente Filipo, afecto a su elocuente agrado, aun entre acciones mudas elocuente.
Puesto que los milagros que obran los dioses de los gentiles, de que se hace mención en sus historias (y no hablo de los que en el decurso de los tiempos suceden por ocultas y secretas causas naturales, aunque ciertas y subordinadas a la divina Providencia), como son los inusitados partos de los animales, las apariencias extraordinarias en el cielo y en la tierra, ya sean las que causan espanto y terror, ya las que hacen notables daños y estragos, las cuales dicen que se aplacan y mitigan con ritos diabólicos por la engañosa astucia de los espíritus infernales, sino de los milagros, que con toda evidencia se hacen por la virtud y potestad divina, como es lo que refieren de las imágenes o simulacros de los dioses Penates...
Garuda parecía el genio familiar de la casa, el vivo resumen de los lares y penates de aquel hogar transportado desde el centro de Europa a la opuesta orilla del Atlántico.
Otra raza más pura, En vez de tus Penates y tus Lares, Te prestó en tu amargura Otro Dios de ventura, Otro templo mejor y otros altares.
-Él, como Roma entera, seguía una tendencia que se suele notar en Occidente cuando la religión propia decae, cuando reina el escepticismo y la negación; una reacción oriental: el misticismo teosófico, las extrañas creencias de los misterios y magias de Oriente llenaban los espíritus que abandonaban al olvido los dioses penates y el culto de Vesta, que ya no encontraba sacerdotisas.
Reinaba allí una atmósfera exquisita, aunque de mareo, que casi hacía olvidar instantáneamente todos los fastidiosos horrores de la vida; respirábase allí una sombría beatitud, análoga a la que debieron de sentir los comedores de loto cuando, al desembarcar en una isla encantada, iluminada por los resplandores de una eterna prima tarde, sintieron nacer dentro de sí el sonido adormecedor de las cascadas melodiosas, el deseo de no volver a ver nunca sus penates, a sus mujeres, a sus hijos, y de no tomar nunca a mecerse en las altas olas del mar.
Curanderas ha habido siempre en la campaña, y nunca dejará de haber; pues, por prolíficas, que sean las Facultades de medicina de la capital y de las provincias, y aunque críen cada año una numerosa familia de doctorcitos, es difícil hacer comprender a estos que sería más provechoso para ellos y para la humanidad doliente, que fueran a establecer sus penates en los pueblos nacientes de la campaña, donde, -tuertos,- serían reyes, en vez de vegetar ignotos y pobres, entre la multitud de médicos ya establecidos y conocidos que, en las ciudades, les hacen forzosamente estrecho el camino del éxito.