pellizco

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pellizco

1. s. m. Acción y resultado de pellizcar le dio un pellizco en el brazo para llamar su atención.
2. Señal dejada en el cuerpo por esta acción todavía tengo el pellizco rojo y dolorido.
3. Porción pequeña de una cosa tomada o quitada sólo he comido un pellizco de pan. pizca
4. pellizco de monja COCINA Bocadito de masa con azúcar.
5. un buen pellizco coloquial Gran cantidad de dinero ha perdido un buen pellizco en el bingo.

pellizco

 
m. Acción y efecto de pellizcar.
Porción pequeña de una cosa, que se toma o se quita.
pellizco de monja Bocadito de masa con azúcar.

pellizco

(pe'ʎisko)
sustantivo masculino
1. acción de pellizcar El pellizco que le diste fue demasiado fuerte.
2. marca que queda en la piel al haber sido pellizcada Todavía se nota el pellizco que me diste.
3. pequeña cantidad de algo que se agarra con los dedos pellizco de pimienta
4. pérdida ganancia que se obtiene de un negocio o reparto No sacó un buen pellizco de la venta del terreno.
Sinónimos

pellizco

sustantivo masculino
1 pizco (col.), repizco, torniscón ((col.)).
Torniscón designa un pellizco retorcido.
2 pizca, poquito, porción.
Por ejemplo: tira un pellizco de sal.
Traducciones

pellizco

pinch, bit, nip

pellizco

Quentchen

pellizco

szczypta

pellizco

щипка

pellizco

knivspids

pellizco

ピンチ

pellizco

nypa

pellizco

SM
1. (en mejilla, brazo) → pinch
2. (= cantidad pequeña) → small bit
un pellizco de sala pinch of salt
un buen pellizcoa tidy sum
3. [de sombrero] → pinch, dent

pellizco

m. pinch.
Ejemplos ?
Cuando a fuerza de pellizcos lograba yo que nos dejase saborear las fioriture de una cavatina o detallar los compases de un dúo, Mario se crispaba, retemblaba, movía convulsivamente el sobrecejo o se comía las guías del bigote, llegándolas a los dientes con auxilio del pulgar.
El mote, según malas lenguas, se lo había puesto a las chicas el mismísimo Caín, que las quería mucho, sin embargo, y les había dado no pocos pellizcos.
Pero estas negligencias se repetían tan a menudo, servían tan poco ya las miradas, que le fue preciso al marido recurrir a los pellizcos y a los pisotones; y ya la señora, que a duras penas había podido hacerse superior hasta entonces a las persecuciones de su esposo, tenía la faz encendida y los ojos llorosos.
De mi madre se cuenta que llevaba siempre en la cintura, a guisa de espada, una pretina de siete ramales, y no por puro lujo: que a lo mejor del cuento, sin fórmula de juicio, la blandía con gentil desenfado, cayera donde cayera; amen de unos pellizcos menuditos y de sutil dolor con que solía aliñar toda reprensión.
Don Silvestre recordaba entonces que en su pueblo se honraban las mozas con sus pellizcos, que sólo el temor a las lenguas de las envidiosas le hacían economizarse en las empresas galantes; y lanzando un suspiro angustioso, abandonaba su puesto favorito y marchaba hacia su casa, preguntándose por los placeres de la corte y suspirando por el aire de su aldea.
Le mira con ojos de fuego y le asegura muy seria que está como nuevo; más sano y fresco que cuando ella era chica y él le daba pellizcos.
-exclamaron el Sombrerero y la Liebre de Marzo-. ¡Despierta, Lirón! Y empezaron a darle pellizcos uno por cada lado. El Lirón abrió lentamente los ojos.
Para entonces, el Lirón había cerrado los ojos y empezaba a cabecear. Pero, con los pellizcos del Sombrerero, se despertó de nuevo, soltó un gritito y siguió la narración: -...
a dejarse coger para saldar la cuenta inacabada: noviecitos de mirar sudados, galanteos de cómo, pero nunca el fuego; lloriqueos por no decir prosigue, algún pleito para entretejer la gana; dos, tres pellizcos, mano abajo, excitación entre recuerdos porno y matrimonio...
Su fama de músico le hacía ser llamado por los clavarios de todos los pueblos, y veíasele llegar carretera abajo, siempre erguido y silencioso, con la dulzaina en el sobaco, llevando al lado, como gozquecillo obediente, al tamborilero, algún pillete recogido en los caminos, con el cogote pelado por los tremendos pellizcos que al descuido le largaba el maestro cuando no redoblaba sobre el parche con brío, y que, si cansado de aquella vida nómada abandonada al amo, era después de haberse hecho tan borracho como él.
Vivía sola con dos criadas a quienes había recogido desde pequeñas, y a quienes no pagaba sino como y cuando lo tenía por conveniente, dándoles su ropa larguísimos regaños y muchos pellizcos por salario; se mantenía haciendo dulces, bizcochitos, chocolate y velas, y sacando aguardiente, que entonces era de contrabando.
«Mas si consideramos los hombres los unos con respecto a los otros, ¿qué sucederá de ellos?» Sucederá que a los tontos de capirote les demos algunos papirotazos, y a los ignorantes audacísimos los pongamos atados pies y manos a las puertas de la Duquesa, para que esta noble dama junto con su doncella Altisidora les den quinientos mil pellizcos y los dejen con más cardenales que el Sacro Colegio.