pejerrey

pejerrey

(De pez + rey.)
s. m. ZOOLOGÍA Pez aterínido, de carne apreciada, que abunda en las costas y en las lagunas litorales de la península Ibérica.
NOTA: Nombre científico: (Atherina hapsetus.)

pejerrey

 
m. zool. Nombre común del pez osteíctio (Atarina modron).

pejerrey

(pexe'rej)
sustantivo masculino
nombre de diversos peces plateados con reflejos azulados apreciados por su carne Hay pejerreyes de agua dulce y de agua salada.
Ejemplos ?
Ella es chilena y nacional, como es el cóndor que vuela en nuestras montañas, el maitén que ha crecido siempre en nuestros valles, y el pejerrey que se remonta en nuestros ríos.
Estas zonas estuarinas sirven como áreas de reproducción y crianza para numerosas especies de peces, tales como: róbalo (Eleginops maclovinus), puye (Galaxias maculatus), lisa (Mugil cephalus), pejerrey (Austromenidia sp.) y también permiten el establecimiento de comunidades biológicas de aguas salobres.
La necesidad de mantener la proa dirigida a tierra, presentando el flanco a la marejada, hacia que El Pejerrey embarcase una no pequeña cantidad de agua, la cual aunque era expulsada afuera inmediatamente por Rosalía, se renovaba sin cesar con sólo breves intervalos de tregua.
Esta maniobra, repetida cada vez que el peligro arreciaba, permitía a Rosalía achicar el agua sin que se incrementase su cantidad con nuevas adiciones, y cuando había arrojado por encima de la borda el último cubo del salobre líquido, El Pejerrey volvía a presentar el flanco al oleaje, reanudando su labor de refrenar la deriva de la ballena.
Y El Pejerrey, obediente a la enérgica presión de los remos, combatido de flanco por el oleaje y embarcando a cada instante algunos litros de agua, mantuvo sin variarlo un ápice del rumbo que le marcaban las lucecillas de tierra.
Después de los saludos acostumbrados entre gente decente, doña vizcacha le manifestó al pejerrey cuánto sentía ver a tan gentil caballero, condenado a vivir de modo tan cruel.
Llamó al animalito que había visto en el agua, y éste, un lindo pejerrey, no se hizo rogar para venir a conversar un rato (todos saben cuánto les gusta conversar a los pescados) y sacó afuera del agua su cabecita brillante.
En tiempos antiguos -digo, hasta que se desbautizó al pejerrey para llamarlo pejepatria-, había en los juzgados un formulario de preguntas al que, sin discrepar letra ni sílaba, se ajustaba el escribano cuando tomaba declaración a cualquier pelambre.
Si esto sucedía antes que los remolinos que circulaban entre las escolleras cogiesen a El Pejerrey y su presa entre sus giros vertiginosos, podía dar por ganada la batalla, pues la manera ascendente trabajaría entonces a su favor.
Además a los cuatro remos que la impulsaban se agregaron otros cuatro, lo que permitió a la ballenera duplicar su velocidad y franquear en media hora escasa el espacio que la separaba de El Pejerrey.
Para finalizar la obra había ideado un plan sencillísimo: en cuanto la distancia lo permitiese llevaría a tierra el extremo de la “línea”, donde, seguramente, no faltarían manos que tirasen de la cuerda hasta conseguir varar la ballena en el sitio más adecuado, el cual no podía ser otro que la caleta: refugio, astillero y dique de carena de El Pejerrey.
De súbito, Miguel, que no cesaba de mirar hacia la costa, explorando el camino más corto de la caleta, al alzar la vista distinguió en la cima del montículo rocoso donde se erguía la escueta y negra cabria del pique, un grupo numeroso de obreros que contemplaban y parecían seguir con ojos ávidos la marcha de El Pejerrey.