Ejemplos ?
María Vicenta se echó al suelo, pegó el rostro al de su hijo y así permaneció un rato largo, sin llorar, sin moverse, cual si se hubiese dormido.
-Calle usté, si es que esta mañana, casi entre dos luces, se me vino a la reja mi pájaro bobo y pegó la hebra, y como cuando empieza nunca arremata, ¡pos velay usté!
Érase una vez un chelín. Cuando salió de la ceca, pegó un salto y gritó, con su sonido metálico «¡Hurra! ¡Me voy a correr mundo!».
La mujer pegó un salto, y en su atezado rostro, que alumbraban los últimos reflejos del Poniente, se pintó una especie de terror animal, el espanto del lobo cogido en la trampa.
Había hecho una fragata de cartón con franjas color azufre para jugar en el fregadero, pero se agachó tanto que no pudo frenar y se dio un fregadazo. Se fue de cabeza y se pegó en la frente.
Sin pulsos quedó Carrizales con la amarga vista de lo que miraba; la voz se le pegó a la garganta, los brazos se le cayeron de desmayo, y quedó hecho una estatua de mármol frío; y, aunque la cólera hizo su natural oficio, avivándole los casi muertos espíritus, pudo tanto el dolor, que no le dejó tomar aliento.
Los hombres que custodiaban a Jesús empezaron a burlarse de él y a darle golpes. 64. Le cubrieron la cara, y después le preguntaban: ¿Adivina quién te pegó.? 65.
El estúpido de Iván no lo volvería a su sitio, y yo me lo bebí. Para convencerse de que, efectivamente, no estaba borracho, el mayor se pegó tal pellizco que no pudo reprimir un grito.
Voltió a ver San Pedro, estiró bien la gaita y se puso la manito sobre las cejas, como pa vigiar mejor; y apenas entendió el enredo, pegó patas; abrió la puerta, la golvió a cerrar a la carrera y la trancó por dentro.
Pero sus “dirigentes” abusaron, por cualquier cosa sacaban plata, vendían un mismo solar varias veces y si usted protestaba le daban palo. Así fue que ofendieron al muchacho que después le pegó el tiro....
Al boquete practicado por su valiente herramienta se asomó la faz de un espectro, un rostro de moribundo en la agonía; la madre saltó, apartó a Ramón Luis y pegó la boca a la cara escuálida de su hijo, balbuceando delirios gozosos.
Como tenía algunos cuartos, compró un trompo; pero no era muy diestro en su manejo, y el trompo, en vez de bailar en el suelo, pegó un brinco y rompió uno de los vidrios de la tienda de un zapatero que salió con el tirapié.